Buscábamos la tierra prometida,
donde los pecados no existían;
donde la codicia y la avaricia
no eran el pan y no eran el día.
Sin saber dónde comenzar a buscar,
encontramos un lugar al lado del mar;
con poca certeza y mucho azar,
levantamos murallas y un castillo
que aguantaran las noches de delirio;
que aguantaran la soledad y el hastío.
Tal vez morir no es tan grave;
tal vez no somos el agua, sino el cauce;
porque contigo no encontré un lugar...
contigo encontré una eternidad.
-Dann Axkaná
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