Maracay, Las Acacias, vereda 20
Maracay, Las Acacias, vereda 20
Recuerdo el día que nos mudamos a Maracay... fue hace tanto tiempo,
nos recibió la noche y la llovía…
Maracay húmeda, siempre llueve,
toda mi familia, ahora desarraigados de Los Teques, continuaríamos nuestras vidas en esa ciudad.
Yo,
niño,
sin amigos,
sin escuela,
sin mis calles de siempre,
ahora viviría en un estrecho callejón llamado vereda y confieso que no me desagradó encontrarme en ese túnel de casitas, iguales, aburridas y pretenciosas, repletas de gente por conocer.
Las Acacias era el nombre de ese lugar que se volvería mágico en mi vida. Entre sus veredas crecí,
recorrí el mundo cercano con mi primera bicicleta,
patiné todos los amaneceres decembrinos,
leí por primera vez el Quijote,
por esas veredas,
me enamoré por primera vez,
me fundí con otro cuerpos de pasiones furtivas,
supe de dolores irreconciliables,
en sus estrechas sendas,
recorrí mi vida hacia el teatro,
me hice escritor,
volé infinito.
Maracay me regaló las Acacias,
Las acacias me regaló la vereda 20,
La vereda 20 acogió a los míos hasta la muerte,
la muerte de los míos universalizó a Maracay en mi alma triste,
mi alma triste me ha convertido en mejor poeta,
soy perfume discreto en la ciudad del jardín.
Hace más de 20 años que no vivo en Maracay, pero Maracay anida en todos mis amaneceres.
Siempre...
siempre regreso a mi casita de la vereda 20,
está allí,
esperándome,
me sonríe con las cenizas eternas de mis padres,
espacio dueño de mis sueños,
espacio donde me vuelvo niño y retorno a vivir.
Maracay visto desde las Acacias, foto tomada con el dron de mi hermano
Maracay es mi patria chica, Los Teques mi tierra natal, Caracas mi cielo eterno.
Mi obra literaria galopa por el mundo,
En Maracay soy olvido.
RUBÉN DARIO GIL
Link de concurso: Concurso Maracay