Quién dice que no se puede
andar por la vida con una tozudez inocua,
febril y temblando de euforia,
con un tufo de anís cartujo y olor a chicote en la zurda; descarrilado por momentos de soledad
pero a fin de cuenta, un juglar.
Somnoliento por el conflicto que deja
la quietud de la noche y la inquietud de mi mente,
que me dice, que tal vez, dejaste de existir
en el momento que te dejé de nombrar.
«Ya me parezco a la imagen que tienen de mí.» –decía
un Borgiano que se miraba en un trozo de cristal.
Porque sólo
los que rompen el espejo,
saben cómo mirarse en él.
Autor: Luis Bello.