Tu mirada fija en la mía,
silenció cualquier intento de defensa,
parecías gritar aquello que tanto callas,
eso que atormenta tu cabeza,
presentí que desgarraría mi alma,
aunque no tuve certeza.
de saber que escondía ese brillo inclemente de tus ojos,
me ganó la ansiedad de poder mirar, más allá de lo evidente.
me condenaste al destierro, anhelando oír tu voz,
a mí me invadió la culpa, a ti te calló el dolor.
Es tu mirada penetrante,
una daga que atraviesa el corazón,
que perturba la razón
y que desnuda mi alma,
es un enigma tan grande,
que a descifrarla me invita,
no es tu boca la que habla,
son tus ojos los que gritan.