la necia, con sus manos la destruye.
El de recta conducta honra al Señor;
el de conducta torcida lo desprecia.
De la boca del necio brota el orgullo;
de los labios del sabio, su protección.
Cuando no hay bueyes, el trigo falta;
con la fuerza del buey, la cosecha
aumenta.
El testigo verdadero no miente;
el testigo falso dice mentiras.
El insolente busca sabiduría y no la
encuentra;
para el inteligente , el sabre es cosa
fácil.
El necio está satisfecho de su conducta;
el hombre bueno lo está de sus
acciones.
El imprudente cree todo lo que dicen;
el prudente se fija por donde anda.
El sabio teme al mal y se aparta de él,
pero al necio nada parece importarle.
El que es impulsivo actúa sin pensar;
el que es reflexivo mantiene la calma.
Los imprudentes son herederos de la
necedad;
los prudentes se rodean de
conocimientos.
Los malvados se inclinarán ante los
buenos;
los malos suplicarán a las puertas de los
justos.
Al pobre, hasta sus propios amigos lo
odian;
al rico le sobran amigos.
Ser paciente es muestra de mucha
inteligencia;
ser impaciente es muestra de gran
estupidez.
La mente tranquila es vida para el
cuerpo,
pero la envidia corroe hasta los huesos.
La sabiduría habita en mente que
razonan,
pero entre los necios es desconocida.
El siervo capaz se gana el favor,
pero el incapaz se gana su enojo.