La ventana hizo un ruido seco
cuando tu cuerpo chocaste de improviso
tantas generaciones al vuelo
se estremecieron como el cristal en la cornisa.
Te levanté con cuidado
para no dañar más tu suave cuerpo
y al rato estabas reconociendo todo
con aire preocupado y nervioso.
Bienvenido a mi hogar
dijimos todos
mientras observabamos con calma
tu recuperación animal y prodigiosa.
Luego levantaste vuelo raudo
y veloz saliste por la puerta
dejando un calor omnipresente
en la sala de nuestro corazón.