Estaba comprando unos repuestos en el centro comercial.
Mientras esperaba en la sala de espera en el local de al lado trabajaban afanosamente colocando papel ahumado a varios vehículos.
Había muchísima gente entraban y salían.
A los pocos minutos veo a los empleados de al lado buscando un poco azorados, habrían y cerraban las puertas del carro, buscaban y buscaban.
Yo no sabía que estaban buscando tan angustiados. Eso búsqueda duraría como una hora.
Abrían y cerraban, revisaban debajo de los asientos, levantaban el capo. Hasta debajo del carro. Yo podía ver la cara del dueño del carro, a través de la vidriera. Estaba furioso. Tal vez pensaba y ahora ¿Cómo lo prendo?.
Por fin logre escuchar... ¿Yo te di las llaves, sino como abriste el carro?
Creo haber escuchado alguna amenaza, con improperios y demás.
Y vuelta a buscar y buscar adentro, pero nada.
En eso me hicieron entrega de mi mercancía y salí del local.
Avanzaba cuando vi donde estaban las benditas llaves. Tuve el dilema moral de dejarlos con sus llaves distraídas, pero no tuve corazón.
Eche unos pasos para atrás y señale la cerradura del maletero abierta. Allí pegadas estaban las benditas llaves.