Confesiones de una prostituta, parte final
Yo siempre fui la otra
tú eras la fiesta para él
yo era el recuerdo de sus ruinas
tú eras la que vestías de seda ante el mundo,
y yo, la que dejaba a escondidas
Yo siempre fui la otra
la del placer y lujuria
pero de contadas horas
la de los pechos soñados,
las fragancias insólitas
el pecado y la gula
tú eras el frenesí de la elegancia
y el equilibrio
de tapar sus carencias
en la hipocresía
de ese mundo glamoroso
que la vida te obsequió al nacer
y que yo nunca conocí
Yo siempre fui la otra
la del juego, el silencio
y las pocas palabras
a la que nunca sus ojos
me mirarían como madre
ni como amiga, ni como su amor
era solo su parada clandestina
de una vieja estación de trenes
a la luz de la luna
mi silueta mirar
y comprar
Yo siempre fui la otra
tú la de los sueños en compañía
yo, la de una cama
donde mi cuerpo se hundía
de tanta soledad
tú eras el premio, la gloria
yo solo tenía un precio
y mi vida con él
se guiaba por las agujas del reloj
Yo siempre fui la otra,
tú creciste con alegrías
yo aún vivo del rencor
el alcohol hizo estragos con mi belleza
aún tu lozanía me despierta
envidia y dolor
tú sabías que existía,
pero nunca te importó
Nuestras edades se cruzaron
aquella tarde que pude verte de frente
parecías una niña de porcelana
yo solo quería cubrir mis grietas
del tiempo que enajenó mi espíritu
trasnochos, miedos y furia
mientras tú jugabas a ser la Reina
y yo, solo era la esclava
Ya no quiero repetirte más
que era la otra
ya no hay otra, somos dos
en un camino sin tregua
¡tú que pensabas?
¿que la vida no pasa factura?
¿sabes la gran factura que representa mi alma
la pérdida de mis mejores años
mis noches en vela,
los golpes, las torpes caricias,
las telarañas en mis sienes
sabes lo que es ser y no ser?
Por eso una mañana
ardiendo por un verano
pleno y caliente
después de sentirme
nuevamente usada
por las largas horas de un sexo
que no se acercaba jamás
a un abrazo,
a una suave caricia
a un te quiero,
¿o qué quieres de mi?
Por eso esa mañana
en que mi frente sudaba,
mis ojos parpadeaban
y ya mi cordura no vacilaba
busqué lo único
que podía dominar
a la perfección desde siempre
saqué el arma de mi mesita de noche
empuñé el gatillo,
direccioné mis garras,
rabia, desesperación,
abandono y olvido
y lo maté
Desde ese entonces he podido dormir,
y ya...no soy la otra
para ti, quizás no seré nadie,
mucho menos para él,
yo tan solo al fin puedo decir
ya no existe, ya no eres, ya no soy
ya yo, no soy la otra
Y entre rejas me acostumbro,
pues definitivamente
mi vida siempre fue una cárcel
me maquillo los labios
me río ahora del tiempo
porque en mi cárcel puedo ser ya libre
ya no soy de nadie
ya no soy la otra,
al fin me siento viva
ya él no anda por las calles
buscando su próxima presa o víctima
suelto, aniquilando inocencias
formando heridas
esa escoria, esa mentira
quien me inventó una vida
tan solo prestada
Ahora es mía de nuevo, solo mía,
ese ladrón de sueños
ya no existe,
ya no habrá miedo
ni llanto contenido
por eso lo maté...
CAROLINA IDROGO
Imagen: google.com
https://pixabay.com/es/fantas%C3%ADa-biomec%C3%A1nicamente-2659483/
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