Ese día, nadie recuerda el mes ni el año, el chavalo salió del mar con la lancha cargada de guachinangos. Ningún pescador de Casares había encontrado el lugar donde se localizaban estos pargos, caracterizados por sus escamas rojizas. Usualmente capturaban lunarejos, los pargos con la mancha en el costado, pero ese día el chavalo, crecido en una familia numerosa, hijo de una vendedora de refrescos, hizo el milagro. Desde entonces dejó de llamarse Reynaldo Corea Mendoza y se convirtió en “El Guachinango”.
Tiempo después “El Guachinango” se convirtió en un pescador exitoso. Compró una lancha, luego otra y otra. Dicen que llegó a tener seis, que se endeudó con los bancos, con las cooperativas de ahorro, con las gasolineras. La gente que lo defiende dice, incluso, que aún está endeudado.
Más tarde invirtió su dinero en una flota de microbuses y de buses. Y después, después, su nombre trascendió a Casares, a Diriamba, a Managua y más tarde al istmo. La Policía asegura que “El Guachinango” lidera una poderosa banda de traficantes de droga.
Las personas del pueblo lo invidiaban como es posible de la noche ala mañana se vuelve rico el hombre sin importar siguio adelante con su empresa
La familia de Reynaldo Corea Mendoza llegó al balneario de Casares, un pueblo de pescadores ubicado en Diriamba, cuando aún era un niño. Entonces su madre vendía refrescos, “como cualquiera de nosotras”, insiste una señora que vende pescados, y él y sus hermanos se dedicaban a comercializar carbón. Hay quienes dicen que antes de dedicarse a la pesca también vendió tortillas.
Venia de familia hulmilde trabajadoras eran respetados en el pueblo , pero la vida les cambio por eso es que no hay que criticar a nadie porque nunca se sabe en que momento le cambia la vida a esa persona y despues el criticado vas hacer tu .