Extraño todo de ti,
y a la vez nada.
Extraño tu mirada pérdida en el camino,
tus brazos fuertes apretando mi cuerpo,
tus ásperos dedos entrelazando los míos,
la cicatriz abajo de tu labios que tanto me encantaba besar.
Extraño tus excasos "buenos días"
y tus aún más excasos "buenas noches".
Sigo esperando,
sin éxito,
que salga de tu dispareja boca la palabra: "hermosa",
o una muestra de tu afecto en las tardes que no disfrutaba de tu compañia.
Por eso te extraño en la nada.
Sí, en la nada.
En el rincón más vacío del corazón.
Ese lugar obscuro,
frío,
olvidable.
Así te extraño,
mucho o poco,
a ratos o todo el rato,
con melancolía o dulzura.
Pero te extraño lejos,
lejos de mí,
de mi vida,
de mi calma.