No es solo el agua; es el cansancio de la tierra. Tras semanas y semanas de lluvia persistente, el suelo ha perdido su capacidad de agarre, dejando a muchos árboles a merced de las rachas de viento que nos han traido los ultimos días de enero y febrero.
Las fotos muestran una realidad cruda: troncos que han dicho "basta" y ramas que, tras años de crecimiento paciente, han sucumbido en un segundo de furia.
En especial, la imagen del tronco hueco revela la vulnerabilidad oculta que el temporal se encarga de sacar a la luz.
Es la ley de la borrasca: allí donde había una debilidad previa, el viento mete el hombro y no para hasta que escucha el crujío. Ese sonido, el del desgarro de la fibra viva, es el que ha marcado las noches de estos últimos días.
El campo está saturado, "como una esponja", y ver estos ejemplares abatidos sobre la hierba nos recuerda que, frente a estas borrascas, somos meros espectadores de una purga natural. Ahora toca esperar a que el cielo de un respiro para empezar a sanar estas heridas.