Por vidas tan nutridas y sus ramas tan fuertes.
Oh árbol magnificente,
crece tus ramas en la tierra,
y que lleguen hasta el cielo,
donde sean libres de hacer su voluntad;
porque con ellas he crecido,
ya que el árbol más pequeño,
a grande se convierte,
solo es cuestión de tiempo y amor.
Que tus raíces se despeguen de este mundo,
y vuelen bien lejos, hasta tropezar con el universo,
donde conseguirán un ser que las adoré como a su vida,
quien regará por las mañanas con abundante agua,
saciando tu sed, saciando tu derecho a la libertad.
Quien te haga daño, que le duela, porque tu das vida y no ofreces muerte.
Insolente el hombre ha sido,
como un naufrago en búsqueda de su camino,
matando lo que le rodea, sin sentimientos y sin corazón.
Crudamente frágil se ha sentido, y por eso decidió dañar,
como el león que se come un ratón, para demostrar su poderío.
Señor árbol grande y hermoso,
extiende tus raíces sobre los hombres,
y perdónales su idiosincrasia.
Ellos no saben lo que hacen,
y por eso están errando,
gracias su falta de intelecto,
buscan la sabiduría de los libros,
hechos por la muerte de tus hermanos,
pero no aplican el conocimiento que nos has regalado.
Aquí he dejado el secreto a la sabiduría por parte de nuestra natura, sea libre quién lo aplique y bendito el que lo comparta con otros.
No te eleves tan real,
y aprende de tanto valor,
que el árbol que más se eleva,
el viento le tumba la flor.