3
A las prostitutas no entran en esta cuenta, pues lo de ellas es aparte, ya que ella se queda con una parte y los ellas con otra y dejan un fondo para la casa, el alquiler y mantenimiento y los gastos propios de un burdel. Lo cual, sin más, incluye los condones, el equipo de limpieza, para las habitaciones, detergente para las sábanas, jabón y papel higiénico, ambientadores.
Separando todo eso, la tajada de Bernardette se iba haciendo cada vez más grande, a su vez que había logrado hacerse un nombre y reputación que le permitiría moverse con tranquilidad.
Los traficantes de droga la protegían, pues ella era buena distribuyendo y claro, las ganancias que sacaban de ella eran tan grandes que valía la pena proteger esos intereses. La policía no molestaba. Donde estaba ese bar (que también funcionaba con un vende-paga, remate de caballos) era una de las zonas más seguras de Petare y a parte de eso, “la trinitaria” mandaba su “regalito” a las autoridades cada mes con asombrosa puntualidad. Y lo clientes, claro, estando en un lugar donde podían obtener drogas o beber y pasar el rato sin riesgo a que los roben o los maten, y con prostitutas a sus órdenes, qué más podían pedir? Así, la operación resultó en un sistema armónico de relaciones laborales y personales donde todos resultaban ganadores.
Ya Bernardette había llegado al punto que había anhelado durante mucho tiempo: poder tener disponibilidad para ayudar a los suyos. Así, comenzó a hacer diligencias y conseguir dólares que comenzaba a mandar a su familia en Trinidad.
Las llamadas con sus familiares, las cartas y luego los e-mails (pues ya se había comprado su computadora y con el cable le vino Internet) y la comunicación con su familia se hizo cada vez más cercana.
Ellos, en contraste, la estaban pasando muy mal. Sus hermanos, los que trabajaban, habían perdido sus trabajos. Los que estaban en la cárcel estaban enfermos. Una de sus hermanas había quedado embarazada y fue abandonada por su pareja. Sus tías cayeron enfermas. Sus otras dos hermanas, a pesar de que les iba mejor, con trabajos y una de ellas, con su esposo, que también trabaja; no les alcanzaba el dinero para ayudar al resto, ya que en Trinidad la economía está por el piso y los pocos trabajos que hay pagan muy poco.
Como era natural, Bernardette decidió ayudar a su familia. Las remesas de dólares que enviaba, sin ser muchas, resultaron una verdadera salvación para sus familiares. Incluso, le dijeron si había posibilidades de venirse a Venezuela y trabajar con ella. Por su supuesto, ella se negó; pero les dijo que ella podría ir hasta allá y ayudarlos para que comenzaran a hacer dinero. Ella sabía que debían salir de Trinidad, pero no podía tenerlos en su casa y menos dejarlos trabajar con ella.
Así que en otro e-mail les sugirió que se fueran a Margarita, allí podrían conseguir trabajo en lo que quisieran e incluso era mejor que Caracas, ya que estaban cerca de Trinidad, es una isla preciosa, llena de oportunidades de trabajo y negocio y es un buen lugar para vivir. La familia accedió a aquel plan, tendrían que irse progresivamente, primero se iría la hermana de Bernardette que no está casada y así hasta poderlos mudar a todos. Aquellos planes al principio pasaron desapercibidos a los ojos de Juan Rabito, quine debía preocuparse en conseguir los contactos para el tráfico, ya que siempre los carteles estaban cayendo, ya sea a manos de la ley o de los delincuentes.
Cuando se enteró de aquellos asuntos, tampoco dijo nada, pues él también sabía lo que era pasarla mal y entendía la idea de ayudar a la familia. Así que dejó las cosas así. Total, la relación entre ambos estaba muy bien establecida y el negocio iba mejor que nunca. No había nada de qué preocuparse.
Entonces las cosas se complicaron cuando uno el principal traficante de bernardette murió en un enfrentamiento con otro traficante que buscaba desde hacía rato, destronarlo. El hecho ocurrió cuando Marcos Cabezón, el narco en cuestión, iba saliendo de Petare, luego de distribuirle a sus traficantes, incluyendo Bernardette. El tipo agarró por la avenida Boyacá, pues iba a Pinto Salinas.
En su camioneta iba junto a tres de sus guardaespaldas. Cuando llegaron a Mariperez, al tomar el desvío, una moto se pegó atrás; pero continuaron. Cuando pasaron por el puesto policial, cruzaron y siguieron dos calles más abajo. Ya estaban en Pinto Salinas cuando de un callejón y de un carro estacionado salieron varios sujetos armados con FAL y comenzaron a acribillar la camioneta.
Nada pudo hacer Marcos Cabezón. De hecho, nunca supo que cayó en una emboscada pues el primer tiro atravesó la ventana y le dio en el ojo derecho, lo cual destrozó su cabeza y la muerte fue instantánea. El resto murió acribillado. La camioneta se detuvo, no porque el conductor perdiera el control, sino porque los disparos dañaron el motor.
Detenido el vehículo, el de la moto se detuvo y sacó una Colt .45 y remató a cada uno, aunque no hacía falta pues ya estaban muertos. Incluso se ensañó con Cabezón, pues le dio otro tiro en la cara, “para que no lo velen con la tapa abierta”. Aquel golpe supuso un impacto fatal al delicado equilibrio existente entre las bandas dedicadas al narcotráfico en Petare.
Bernardette, al enterarse, cayó presa de la preocupación y mandó a buscar su pistola y mandó a Juan Rabito para que averiguara. A su vez que mandó a llamar a todos los balandros que pudo para que cuidaran la zona, por si acaso.
Pero no pasó nada. De hecho, fue otra noche tranquila, tanque todos estaban aburridos. De no ser por aquella noticia, podría decirse que aquella era una noche como otras, sin nada de especial.
Juan llegó a la hora. Las noticias que trajo confirmaron el rumor. El narco que tumbó a Marcos Cabezón era Mandingo, cuando oyeron ese nombre, todos cogieron mínimo. Aquel era un delincuente de alta peligrosidad, que ya hasta tenía militares en su cuenta de muertos. Eso y varias bandas a los que destronaba.
Según se creía, el tipo estaba armando un sindicato del crimen, liquidando las bandas y carteles e instalando a su gente. Aquel negro de dos metros y cien kilos había sido jugador de basketball profesional, pero la mala administración de lo que ganó, una grave e inoportuna lesión y problemas con el alcohol hicieron que abandonara el deporte. Trató de montar negocios, pero entre el divorcio, la falta de éxito y la mala situación económica, lo pusieron en una situación difícil. Y mucha gente, en esa clase de situaciones, toman el mal camino y de eso no se salvan ni los deportistas, aunque hayan sido ídolos de sus fans o “modelos a seguir de la comunidad” Aquello trastoca todos los planes de Bernardette, quien ahora piensa en lo que va a pasar. La noticia se riega como pólvora y ella está tranquila porque ha comprado suficiente material como para sobrevivir sola un tiempo y poder ver cómo van las cosas. Le cuenta esta idea a Juan Rabito quien la acepta, pues le dice que Mandingo es un criminal sumamente violento y es mejor ver cómo es la vaina antes de hablar con él de negocios.
En estos casos, es mejor esperar a que venga el mismo narco y si no viene, se busca a otro. Si de una vez se le busca, eso es signo de debilidad, temor, jalabolismo, incluso y en este ámbito hay que ser duro y hacerse respetar o se termina muerto o preso, que para algunos, es la misma cosa. A parte de todo eso, no pasa absolutamente nada. A las seis de la maña cierran el negocio y se van a casa. Cuando llegan hacen el desayuno, comen, se bañan, hacen el amor y se duermen.
Afuera la guerra arrecia contra todos, especialmente contra los narcos, pero para ellos, es otra cosa, es… dormir. Toda la noche y trabajando en el negocio que ellos tienen, es algo sumamente agotador.
Bernardette se paró a las tres de la tarde, revisó su celular y encontró varias llamadas perdidas. Eran de sus contactos. Gente que le pasa datos de la policía y de los delincuentes, gente que sabe lo que pasa en la calle.
Decide llamar a ver lo que puede averiguar para ver qué hacer. La llamada le da la siguiente información: el Mandingo va pendiente de agarrarse todo el sector de Petare, de hecho, ya tiene a media Caracas en su influencia.
Cuando ella pregunta cómo encajan sus operaciones con el tipo, no obtiene respuesta. De hecho, nadie lo sabe, porque el tipo es impredecible, en unos casos, mata a quien no le conviene matar y en otros deja vivos a sus enemigos. En unos casos mantiene en la jugada a vendedores muy malos y en otros saca a gente capaz de vender un kilo de coca en cuestión de una llamada. Ella sabía que éstas son las clases de situaciones o gente que siempre hay que evitar en las calles porque siempre está en desventaja. El miedo se apoderó de ella, pero decidió guardar calma.
Llamó a otro informante, uno de la policía metropolitana. Él le dijo que Mandingo era otro nivel de delincuente. Al tipo le han pegado 8 tiros y no se ha muerto. Una vez le tendieron una emboscada y no lo agarraron, al parecer, no lo vieron… fue como si se hubiera vuelto invisible. Dicen que es bacalao y que tiene un pacto con el diablo y por eso no le pasa nada y por eso se llama así. A parte de eso, le cuenta lo que ya sabe: el historial de crimen; pero esto no es lo que a ella le interesa: pregunta que va a pasar ahora con el tipo agarrando el terreno.
—mira, el tipo es una vaina seria. O se hace tu pana o es culebra. Ninguna de las dos te conviene, pues con las mujeres, el tipo se comporta como si el propio trucutú, para él las mujeres son para tirar, parir y atender la casa… las que están en el negocio las saca y las convierte en sus “mujeres”. Se dice que tiene diez hijos de diez mujeres distintas, claro, ellas antes eran traficantes. Las que se niegan, aparecen muertas, las violan, las matan cruelmente y las mutilan, son abandonadas y luego las encuentran. Mira, yo te digo que te vayas. Es lo mejor que puedes hacer. —Bernardette sigue escuchando pero es presa de sus nervios. Tiene toda su plata guardada y puede dejar el negocio en manos de Juan, mientras pasa todo. Eso es lo que decide.
Entonces no pierde el tiempo y agarra una maleta donde mete ropa, justamente la usa para esconder su plata, toma un bolso donde guarda más dinero todavía y claro, respeta su “acuerdo” con Juan Rabito y deja la cantidad que le toca. Si ella no hubiera tenido disciplina en arreglar sus cuentas y sus cosas, no hubiera podido realizar esta operación.
Con todo listo, se dedica a hacer el almuerzo. Su plan consiste en irse al Terminal de Oriente y de allí a Puerto La Cruz. Desde ese punto puede llegar a Trinidad sin mucho problema. Incluso, planea irse a Margarita y vacacionar. Pero aún no decide nada, a parte del plan de salir de Caracas. Cuando está lista, toma la decisión de esperar a que Juan se despierte para comunicarle su decisión. Hasta piensa que Juan puede venir con él. Su amante se despierta. Se baña y va a la cocina donde ya le espera el almuerzo listo. Comienza a comer, junto a su mujer. Cuando terminan, ya se ha dado cuenta de que hay una maleta y un bolso en la sala y que Bernardette está arreglada como si fuera a alguna parte.
— mira, ¿qué pasa? ¿Qué hace esa maleta en la sala? —pregunta él, intuyendo lo que hace unos años le pasó con su esposa.
Ella le comienza a explicar todo, desde lo que averiguó sobre el tipo hasta su decisión de irse. Él no lo acepta. Dice que se tiene que quedar. Ella le replica que no le está pidiendo permiso, que si quiere, puede venir con ella, o se puede quedar e ir a atender el negocio. Él le dice que no lo van a volver a dejar y ella le dice que no lo está dejando, pero le dice que se tiene que ir, su familia está en problemas y ellos mismos corren peligro. Pero él no hace caso. El fantasma del abandono lo atormenta y está decidido a evitar que lo dejen.
Así que se para de la mesa, va al cuarto y mientras Bernardette está marcando un número en el celular, él la ataca pues ella está de espaldas, con un bate la golpea en la cabeza y cuando cae, la remata, destrozando toda su cabeza. Se queda viendo aquel cuerpo inerte, sintiendo amargamente que esta vez no lo abandonaron.