Samantha leyó The Great Gatsby, a su anciana abuela Millie,
nuevamente.
Ella se sentó con el libro en una mano y su taza de café en la otra. La
pequeña habitación era cálida y acogedora mientras el sol entraba por la ventana.
Samantha tomó un sorbo de café y escuchó el canto de los pájaros y el
tic-tac del reloj de pared. Era hora de irse.
Besó a Millie en la mejilla. "Está bien, abuela, nos vemos el domingo".
Los ojos de Samantha se llenaron de lágrimas cuando se fue, sabiendo que su abuela ya no
sabía quién era, aparte de una chica agradable que venía de visita.