La ciudad es un trapiche, que muele sin detenerse y sin contemplaciones a lo que se atraviesa por medio. Sólo huir de vez en cuando, para alargar el tiempo de molienda y que los jirones de la piel puedan si no cicatrizar si dejar de sangrar.
Me retiro al bosque, que tambien lucha sin saberlo y sin poder correr a ningun lado, a contemplar, tomar fuerza y reflexionar. Y me entra esa necesidad de volver, de cambiar el rumbo hacia algo más espiritual que ayude a sobrevellevar el dia a dia... y recaigo de nuevo.
No queda más que aprender a vivir, a lamer las heridas y bajar la cerviz para que la guillotina no atine, por lo menos por esta vez.