Tal como se explica en la conocida fábula de la cigarra y la hormiga hay épocas en las que necesitaremos tener almacenados alimentos para no morirnos de hambre. Aquí explicaré varias cosas a tener en cuenta para el almacenaje de nuestros alimentos.
CUIDADO CON LAS PLAGAS
Tener almacenados alimentos nos hace convertirnos en blanco de diferentes plagas, tales como las cucarachas o las ratas. Es necesario un control exhaustivo de la limpieza de nuestras zonas de almacenamiento para que no se nos de éste problema.
En zonas del Norte de España se utilizaban antiguamente (y en alguna ocasión se siguen utilizando, aunque más esporádicamente) hórreos. Éstos almacenes de alimentos se basaban en construcciones a una altura considerable cuya entrada estaba a una altura salvable sólo con escaleras situadas a una distancia desde la que una persona podría pasar con un paso largo, pero no animales y bichos. Aunque soy un forofo de éstas construcciones fabricadas normalmente sin un solo clavo, se hacían de piezas de madera y piedra que se encajaban unas con otras en nuestro caso ocuparían un espacio que no tenemos por lo que buscaríamos otras soluciones.
Tener gatos y poner trampas acabarán con la mayoría de plagas, siendo éstos la mejor opción para vencer a nuestros pequeños enemigos.
APRENDE A HACER CONSERVAS
Hay muchos métodos de conservas, unos más elaborados que otros, pero se basan todos ellos en evitar que las bacterias proliferen haciendo que éstas estén incómodas o no tengan un interés biológico en los alimentos.
1º Uno de los más sencillos es salar los alimentos, si bien habría que conseguir sal para ello, si tenemos el mar cerca será tan sencillo como almacenar agua de mar en depósitos más o menos grandes y dejar que se evapore el agua, quedando la sal en el fondo de los depósitos. No usar depósitos metálicos evitará que el efecto corrosivo del agua salada se los “coma”. Usar depósitos de plástico o madera será una perfecta solución.
Después de conseguida la sal tan sólo deberemos enterrar los alimentos a conservar en nuestra sal, pudiendo volver a usarla una vez extraídos los alimentos.
2º Un método muy utilizado también es el ahumado, tanto de las carnes como del pescado. Éste método, aunque un poco menos efectivo que la sal hace que los alimentos pierdan todo el agua, necesaria para las bacterias para sobrevivir. En un entorno húmedo es bastante peligroso.
3º Sumergir alimentos en vinagre evita la proliferación de bacterias por su bajo ph. Fabricar nuestro propio vinagre es tan sencillo como introducir frutas o frutos con alto contenido en azúcares en un bote y cubrirlo con una tela (para que entre oxígeno pero no polvo) y dejarlo unos meses ahí. Aunque el más común es el vinagre de vino (de ahí su nombre “vino agrio”) se puede hacer con casi cualquier fruta dando diferentes sabores a los alimentos. Introducir un poco de vinagre fabricado anteriormente acelerará su fermentación. Una vez tengamos nuestro vinagre tan sólo deberemos sumergir en él los alimentos a conservar.
4º Dejo para el final el frío, pues al igual que en nuestras neveras y congeladores aunque de ésta manera se ralentiza la proliferación de bacterias no se detiene del todo y terminarán por estropearse, aparte de que aún no he explicado cómo generar electricidad autónoma en ninguna de las partes de la guía aún.
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