Cuenta la historia que un famoso filósofo chino, después de tener solo hijas, decidió casarse en un último matrimonio con una mujer muy joven. Ella atemorizada por haber tenido un matrimonio con un hombre que la superaba con muchos años de edad, decidió subir a una montaña para conversar con los dioses.
La leyenda cuenta que cuando ella ascendía la ladera, vio que las hojas de las plantas y los árboles se erguían a su paso y que los troncos se inclinaban de forma reverencial, mientras entraban en quietud y silencio los vientos y las aguas de los arroyos.
La naturaleza entera, decían los campesinos, le rendía homenaje a aquella joven por llevar en su vientre a un ser humano tan valioso. Por supuesto que no era cierto; pero la leyenda creció con el tiempo y todos la aceptaban como real, dado el respeto que en su tiempo y en los siglos posteriores floreció alrededor del nombre de Confucio.
Las leyendas creadas alrededor de Confucio, como con otros personajes, no siempre tienen asiento en la realidad, pero es la forma como la imaginación colectiva rinde homenaje a algunos seres humanos.
Y la leyenda de la naturaleza que rinde homenaje a la madre de Confucio, es un reconocimiento al gran pensador, al hombre que predicó en especial, la harmonía y el respeto entre todos los seres humanos.
El pensamiento y ejemplo de Confucio, siguen vivos en su gente.