Año 1944, Francia vivía la pesadilla de la ocupación nazi; la resistencia desde todos los rincones vigilaba, hostigaba, atacaba al invasor. Uno de esos combatientes era un piloto de aviación que fue advertido acerca del peligro de una misión de reconocimiento. En ese instante los aviones nazis sobrevolaban la zona, eran más numerosos y tenían más poder de fuego; el riesgo era demasiado alto.
No obstante el hombre decidió enfrentar al enemigo con todas sus consecuencias. Ese piloto se llamaba Antoine de Saint-Exupéry, y aunque de aquella misión no regresó nunca jamas, poco antes, aquel piloto había escrito un libro para quedarse por siempre entre nosotros. El libro se llamaba El Principito.
En aquel libro no se sabe si un sabio con mirada de niño, o un niño con mirada de sabio, nos dice que: "la Tierra no es un planeta cualquiera, se cuentan en él ciento once Reyes, 900 mil hombres de negocios, 7 millones y medio de borrachos, trecientos once millones de vanidosos, es decir, al rededor de dos mil millones de personas mayores".
Y así, de sorpresa en sorpresa, de verdad en verdad, nos lleva el libro por el camino de lo real y maravilloso. Y nos lleva, de ternura en ternura, con un personaje que siempre será inolvidable para quienes hemos tenido la suerte de leer sus páginas.
Un personaje: Principito que todos llevamos dentro, y que nos recuerda una verdad fundamental: "Solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos."
El Principito obra leída y releída en todos los idiomas fue publicada un día como hoy, 6 de Abril de 1943. Gracias hoy y siempre a su autor, al francés Antoine de Saint-Exupéry.