En Guayaquil se encontraron por primera y única vez, dos hombres que apenas bordeaban los 40 años, pero que aparentaban mucho más, como si su vida hubiese sido una infinita suma de sacrificios y batallas.
Era verdad: entre los dos sumaban centenares de batallas y heroísmos . Uno se llamaba José y el otro Simón; José de San Martín y Simón Bolívar.
San Martín venía del Sur, desde Buenos Aires, como un insurrecto triunfante, cruzando montañas, luchando por la libertad de América. Desde el Norte llegaba Bolívar y su huella de heroísmo alumbraba ya la historia del continente.
Los dos colosos se reunieron en privado. San Martín quería que el territorio del Perú se integrara al gobierno del Río de la Plata; Bolívar consideraba que Perú era parte de la Colombia grande.
Y al final hubo misterio sobre el espíritu y el ambiente de la reunión. El diálogo pareció frío, distante y en un gesto de cortesía con San Martín, la noche se cerró con un baile en su honor.
Pero San Martín sintió que esa noche su destino de luchador terminaba en América; dio la orden de llevar la maleta a su bergantín y partió rumbo a Europa, para no regresar jamás.
Aquel encuentro, o mejor, aquel desencuentro entre los luchadores por la libertad, sucedió un día como hoy, 26 de Junio de 1822.
Y el monumento del malecón, recuerda aquel encuentro para la historia: