Eran dos jóvenes que apenas bordeaban los 30 años y sin embargo estaban considerados como 2 de los grandes naturalistas y científicos del Mundo en aquel tiempo. El uno se llamaba Aimé Bonpland, francés y su compañero era Alexander von Humboldt; juntos emprendieron el más importante viaje de carácter científico; su destino, era nuestro continente.
No hubo un solo campo de la ciencia que no investigaran a su paso por estas tierras, de un exotismo inimaginable para la Europa de aquel entonces.
Al final, Bonpland y Humboldt realizaron el más exhaustivo estudio de suelos, plantas, animales, que nadie nunca hubiera emprendido jamás. Bolívar los llamó: "Los verdaderos descubridores de nuestro Continente". Y en sus empeños por conocernos mejor, llegaron a la que en aquella época era considerada la más alta montaña del mundo: el Chimborazo.
Bonpland y Humboldt, metidos entre las nubes, arrastrándose al borde de precipicios sin fondo, en medio de la nieve enceguecedora, desafiando al frío mortal, ascendieron paso a paso hasta la atalaya del Mundo.
Los dos exploradores querían llegar al cielo agarrados a las cornisas heladas y cortantes, resistiendo a los vientos huracanados hechos de "alfileres". Y subieron tan alto, como nunca antes ningún ser humano lo había hecho.
Fue un día como hoy, 23 de Junio de 1802 y aunque faltaron unos metros para coronar su cumbre, los nombres de Bonpland y Humboldt, brillan con luz propia en las cumbres de América y de la ciencia.