Muchos siglos atrás, un famoso griego había dicho algo que para la época resultó incomprensible: "Dadme una palanca y moveré el Mundo"; y la gente se preguntaba: ¿Para qué mover el Mundo?, ¿Y a dónde moverlo?, si el planeta que habitamos era inamovible y estaba y estaría por los siglos de los siglos en el centro del Universo.
Pero sucede que en una aldea polaca, nació un jovencito que estudió humanidades y derecho, y al final se graduó como médico. Y ese joven con tanto conocimiento a cuestas, también se hizo sacerdote. y como si fuera poco, estudió matemáticas.
Ese joven, mirando al cielo, descubrió que todo se movía, que nada estaba quieto, que no existía ningún centro y que nada de lo que en su época se creía era cierto.
Este médico, sacerdote, humanista y matemático polaco, se llamaba Nicolás Copérnico.
Y utilizando "la palanca" de su inteligencia, apoyándola en la ciencia, movió la Tierra del centro del Universo, y la lanzó, de un solo golpe, a un rincón perdido sin importancia.
Lo más extraordinario, es que aquella idea revolucionaria fuera expuesta por un sacerdote de temperamento conservador, y además en contra de lo que planteaba la doctrina oficial de la Iglesia: que la Tierra era el centro del cosmos.
Por eso Copérnico publicó su teoría con el nombre de un alumno suyo, con quien se puso de acuerdo, ya que el joven estudiante no temía enfrentar la represión de la Iglesia. El estudiante, feliz, llevó el libro a casa de su maestro Copérnico para que viera la primera edición, pero no todo fue alegría: el joven encontró a su maestro en el lecho de muerte, y en esas circunstancias, le entregó el libro que el moribundo alcanzó a mirar.
Horas después, Copérnico moría, y lo hacía tranquilo, sabiendo que de "un solo golpe", nadie como él había causado tanto impacto.
Copérnico había sacado a la Tierra del centro del Universo, y nos había convertido en una minúscula mota de polvo flotando en la inmensidad del cosmos y del misterio.
Su muerte aconteció un día como hoy, 24 de Mayo de 1543.