En algunos humanos la mejor arma es la imaginación, con los favores de la fantasía, se viven los grandes amores o se toman las grandes venganzas.
Uno de esos personajes, gran soñador, se llamó Dante Alighieri, autor de grandes obras, entre las cuales destaca La Comedia. Sí, La Comedia, así simplemente; pero fue una obra tan apreciada por el público, que los editores pronto le cambiaron el nombre y la llamaron como la gente la llamaba: La Divina Comedia.
Allí Dante, en un viaje imaginario por el mundo del más allá, nos permite reflexionar acerca de este mundo verdadero en el que vivimos.
En los círculos del infierno y del purgatorio, Dante coloca a los humanos de todas la calañas: a los codiciosos y traidores, a los mentirosos... y a lo largo del viaje, Dante encuentra a los avaros, a los violentos, a los fraudulentos. Y sigue encontrando espacio en los círculos de tormento para los cortesanos y aduladores, para los que trafican con el poder y la justicia...
Los lectores de su tiempo encontraron en el infierno a destacados políticos de la época, y no se escaparon ni los Papas, a quienes sometió a los suplicios de los traidores y vanidosos.
Sumido en conflictos políticos de la época, Dante Alighieri se vió condenado a la hoguera por el Papa Bonifacio VIII, pero logró huir, y su vida errante fue estímulo para su obra literaria.
Dante Alighieri estaba desapareciendo un día como hoy, 14 de septiembre de 1321. Y por encima del tiempo y el silencio, lo recordamos cuando nos dijo: