Edgar Degas, "Autorretrato", circa 1857-58, óleo sobre papel (Museo de Bellas Artes, Houston)
Algunos artistas son como antenas: multiplicadores de todas las contradicciones de los tiempos que les toca vivir.
Un caso de esos es el de un pintor conocido como Hilaire-Germain-Edgar de Gas, más conocido como Degas, un mimado por la fortuna pero, que se lanzó al azaroso espacio del arte, donde no todos triunfan, a pesar del talento.
Degas, de familia de banqueros y de comerciantes de algodón, fue impulsado por su padre a estudiar derecho, pero por suerte, Degas sospechó que en el Mundo sobraban las leyes y faltaban las obras de arte. Entonces tomó el óleo y los pinceles, y aunque se inspiraba en los maestros del pasado, sus cuadros fueron modernistas.
Degas tiene el mérito de haber perpetuado y dignificado lo intrascendente: unas carreras de caballos o cualquier intimidad en la vida teatral.
No obstante, Degas, el mimado de la fortuna, enfrentó en sus años de adulto una precaria economía , y tuvo que hacer lo que nunca quiso: vender sus cuadros; esto y una progresiva pérdida de la visión, lo convirtieron en huraño, arrogante y ultra-conservador, pues llegó a afirmar que la clase trabajadora debería trabajar, no estudiar ni prepararse.
Degas, el hombre que marcó una vida con su arte y su talento, había nacido un día como hoy, 19 de Julio de 1834.
Los pintores y los amantes del arte prefieren recordarlo como lo mejor que pudo ser y hacer: como un maestro de la pintura.
En este detalle de "Sala de ensayo en la Ópera, rue Le Peletier" (1872), el maestro de ballet instruye a su bailarín, al igual que Degas controlaba su arte. (Museo de Bellas Artes, Houston)