Un niño vio llorar a su padre que era un hombre trabajador, honesto, de manos callosas y piel tostada; el campesino había perdido la tierra de toda su vida, la tierra de su sudor y su esperanza. Era el México de finales sel siglo IXX, el hombre se llamaba Gabriel Zapata y su pequeño hijo, Emiliano, ese niño juró que nunca más permitiría que un campesino llorara por falta de tierra.
Pasaron los años, continuaron los conflictos de tierra, y entonces surgió un líder que hablaba náhuatl y español, y que movilizó a los campesinos de manera arrolladora. Era el mismo niño Emiliano Zapata, ya hombre, con millares de campesinos dispuestos a recuperar las tierras que desde siempre les habían pertenecido.
Los gritos de combate eran: "Tierra y libertad" y "La tierra para el que la trabaja". México vivía una revolución profunda.
México fue traicionado por sectores elitistas que posaban de simpatizantes de los sectores populares, y retrasaron la ansiada reforma agraria. El presidente traidor era Carranza, pero Emiliano Zapata continuó empuñando las armas y le escribió al presidente: "Usted, ciudadano Carranza, aprovechó nuestra lucha y con sus amigos se reparten el botín: riquezas negocios, banquetes, fiestas, bacanales, orgías..."
Y agregaba en aquella carta-denuncia: "Olvida usted que la revolución la hicimos para beneficiar a las grandes masas, a las legiones de oprimidos"
Emiliano Zapata, líder de aquella legendaria revolución, murió asesinado tras caer en una trampa del presidente Carranza, y lo recordamos porque Emiliano Zapata estaba naciendo para la historia un día como hoy, 08 de agosto de 1879.
Y aquí, y en Chiapas, y donde sea que se requiera remediar una injusticia, siempre se le recuerda.