Era una familia de aristócratas como tantas otras: la madre, una Marquesa y el padre un Conde; pero, la madre era de severa formación religiosa y de una avaricia maníaca, al punto que dijo estar feliz de perder un hijo para no tener que alimentar una nueva boca.
El padre, amante de la cultura, para fastidiar a su mujer y compensar su tacañería, decidió utilizar todo el dinero que le llegaba, en comprar libros; de esa forma, logró tener una de las más poderosas bibliotecas privadas de su época.
En ese hogar, ultra-conservador, ultra-religioso, autoritario y traumatizante, creció un niño llamado Giacomo Leopardi.
Por suerte, aquel niño encontró que el mejor lugar físico y espiritual de su mansión, era la biblioteca de su padre y allí pasó su infancia este joven que había nacido con deformaciones en la columna y otras complicaciones de salud.
Y fue tal su inteligencia y sensibilidad, tantas las horas dedicadas al mundo de los libros, que a los 17 años dominaba seis idiomas y era un erudito en los escritores clásicos en sus respectivas lenguas.
Giacomo Leopardi fue considerado poeta del pesimismo y del dolor por su condición física y sus amores frustrados; pero de todas formas, el más grande poeta lírico de la Italia de su tiempo, el que escribió este verso:
Subyugado por lo eterno vivió siempre este poeta italiano, que nació un día como hoy, 29 de Junio de 1798, en Recanati, donde su nombre es símbolo de luz y poesía.