Hay un hombre trepado en lo alto de un andamio, tiene 33 años, la barba revuelta y la mirada furiosa; lleva varios años casi viviendo allá, arriba, a veces durmiendo pegado a las tablas. Inclusive a lo alto del andamio le llevan la comida.
Está dedicado a pintar una obra de arte. Es tan obsesivo en su trabajo, que cuando se acuerda de comer, con una mano come y con la otra pinta.
Abajo hay un personaje rudo, violento, altanero, que se siente dueño del mundo y de las vidas; viste pomposamente y le grita al artista que no le gusta un desnudo que está pintando, que le cubra el cuerpo a esa figura de mujer. El artista furioso le responde que se quite de ahí, o es capaz de lo peor; el hombre de abajo le responde con insultos peores y lo amenaza de muerte.
Esa pareja que se odia a muerte está compuesta por Miguel Ángel Buonarroti, arriba en el andamio, insolente, desafiante, altanero. Y el hombre que está abajo, que es aún más altanero y violento, más desafiante y grosero, es el Papa Julio II.
Son varios años ya de acaloradas disputas con los peores insultos de parte y parte. Julio II, el Papa, es un hombre de armas tomar, en el sentido literal de la palabra, y no ha vacilado en aplicar la pena de muerte en más de una ocasión. Miguel Ángel es considerado el gran artista de la época, y no vacila en responder con iguales insultos al Papa, porque sabe que solo él es capaz de pintar lo que está pintando; y el Papa Julio II, dueño de muchas vidas, agacha la cabeza y maldice para a dentro, porque sabe que necesita al insolente de Miguel Ángel, porque solo ese artista es capaz de pintar lo que está pintando.
Así, durante cuatro años, esos dos personajes lucharon a su manera, el Papa queriendo imponer una visión moralista en los cuadros prohibiendo los desnudos; y Miguel Ángel imponiendo la belleza y la energía de los cuerpos
Al final se logró la obra de pintura más extraordinaria de la historia: los Frescos de la Capilla Sixtina. Hoy, son asombro para el mundo y se le deben a la terrena tenacidad del Papa Julio II que decidió la obra, y a la casi celestial capacidad de Miguel Ángel, el único ser humano capaz de realizar la más importante obra pictórica de todos los tiempos.
Y aquel colosal monumento al ingenio y al espíritu humano, se estaba iniciando un día como hoy: Mayo 10 de 1508.