El sistema de transporte masivo, Trolebús, que funciona en Mérida perteneciente a la empresa del Estado Tromerca y dependiente del Ministerio de Transporte, se ha convertido en una verdadera calamidad.
Las unidades no llegan a 10. Hasta el momento se desconocen las causas porque igualmente se ignora la versión oficial, no obstante el ciudadano común afirma que la mayoría está inoperativa por falta de repuestos o porque le sacan piezas a unas para poder arreglar otras. Y el área de talleres se ha convertido en un cementerio de unidades arrumadas.
Independientemente de la verdad de los dichos, la dignidad humana no existe en los espacios de las unidades de transporte.
No hay respeto por el adulto mayor ni los niños. A su vez, los de más edad tampoco respetan a las demás personas y pretenden, en infinidad de oportunidades, ser privilegiados al ingreso pasando por encima del resto de las personas que puedan estar esperando por horas a que llegue la dichosa unidad.
La espera es larga, tanto como las colas en distintas estaciones. El exceso de pasajeros no solo es un riesgo al momento de un accidente. Es que los cuerpos se aglutinan a lo largo de los pasillos, las entradas y en la zona del “acordeón”, unos al lado del otro, de frente o por la espalda, sin el menor cuidado, hombres y mujeres apretujados viajan en las unidades, sin importar igualmente, si son adolescentes, jóvenes, maduros o con los cabellos plateados.El objetivo es montarse para llegar al trabajo o retornar a la casa.
¿Y dónde queda el respeto y la dignidad de los ciudadanos merideños?
No habrá respuesta alguna por parte de la institución así como tampoco por parte de los usuarios, quienes, aún en las peores condiciones, ahora se limitan a decir… esto es lo que tenemos y así viajaremos. Al que no le guste…que busque un taxi.
La falta de transporte público ha hecho mella en la escala de valores de los merideños. Aquí se perdió algo más que la dignidad. También el sentido de ciudadanía, el reconocimiento y respeto por el otro.
No importa a quién tengamos al lado: hombre o mujer, o entre las piernas si se trata de un niño o niña. Lo importante es no seguir esperando en largas colas para abordar la unidad, porque mientras más tarde sea, el dolor de las piernas es inaguantable o porque la inseguridad acecha y hay que llegar a casa antes que se oculte el sol.
Triste realidad que solo la ven quienes la sufren.
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