Todo sabemos que el poder de la palabra es mucho más grande de lo que la gente se imagina, de hecho va de la mano con la ley de la atracción. La maldición es una fuerza profunda que rebasa al hombre, la palabra pronunciada destaca sus efectos funestos, la maldición evoca el poder del mal y del pecado.
En la actualidad es inevitable que alguien nos maldiga, pero no debemos responde con maldición a los que nos maldicen. Por lo contrario, debemos responder con bendiciones.
Más allá de su significado en la historia, la biblia y la interpretación católica que se le pueda dar a la palabra. Debemos tomar en cuenta que todo lo malo que salga de nuestra boca o peor aun de nuestro corazón, Dios y el Universo lo regresara. No en forma de castigo, sino de lección de vida.