Los niños o niñas juegan para divertirse, pero el juego también es un aspecto importante de su aprendizaje y desarrollo. El juego ayuda al niño o niña a ampliar sus conocimientos y experiencias, y a desarrollar su curiosidad y confianza. Los niños o niñas aprenden intentando hacer cosas, deshaciendo para hacer, haciendo preguntas, armando y desarmando. El juego también favorece el desarrollo del dominio del lenguaje y de la capacidad de razonamiento, planificación, organización y toma de decisiones. La estimulación y el juego son especialmente importantes si el niño o la niña padece una discapacidad.
El tacto, el oído, el olfato, la vista y el gusto son instrumentos de aprendizaje que el niño o niña utiliza para explorar el mundo que le rodea.
Todos los niños o niñas necesitan diversos materiales simples para jugar. Agua, arena, cajas de cartón, bloques de construcción de madera, cazuelas y tapaderas son juguetes tan buenos como los que se pueden comprar en una tienda.
Las niñas y los niños tienen que disfrutar de las mismas oportunidades en el juego y en las relaciones con los demás miembros de la familia. El juego y la relación con el padre ayudan a afirmar el vínculo entre el padre y el niño o la niña.
Al observar al niño o a la niña de corta edad para comprobar cómo responde al tacto, al oído y a la vista, los progenitores pueden descubrir los síntomas de un posible problema o discapacidad en el desarrollo. Si el niño o la niña se desarrolla con lentitud, una manera de la que disponen los adultos para ayudarlo(a) es pasando más tiempo del normal con el niño o la niña, jugando y hablándole y dándole masajes en el cuerpo.
Si el niño o la niña no responde a los estímulos y la atención, los progenitores y las personas que cuiden al niño o a la niña deben buscar ayuda. Tomar medidas a tiempo es muy importante para ayudar a un niño o una niña con discapacidades a alcanzar su pleno potencial. Los progenitores y cuidadores tienen que fomentar el mayor desarrollo posible de las aptitudes del niño o de la niña.
Una niña o un niño con una discapacidad requieren mayor amor y protección.
Como todos los niños o niñas, es necesario registrarlos(as) cuando nacen o poco después, amamantarlos(as), vacunarlos(as), alimentarlos(as) con comidas nutritivas y protegerlos(as) contra el maltrato y la violencia. Es preciso alentar a los niños o niñas con discapacidades a que jueguen y se relacionen con los demás niños o niñas.
Un niño o una niña que esté irritado(a) o que experimente dificultades emocionales puede comportarse de manera inusual. Por ejemplo, se puede mostrar antipático(a), triste, perezoso(a), no querer ayudar, ser travieso(a) o llorar a menudo, mostrarse violento(a) con los demás niños o niñas, sentarse solo(a) en lugar de jugar con sus amigos o amigas, o de repente perder su interés en las actividades usuales o en las tareas escolares, y perder el apetito y el sueño.