Luego de escribir un cuento de terror para el Concurso #MicroTerror256 y leer otros tantos, estimados steemitas, fue más que bienvenido el reto de dibujar una escena de camping para el concurso promovido por . Es, además, Semana Santa, época en la que en mi país, Venezuela, solemos visitar las playas. Así que para allá me fui, con lo que quise que fuera una versión libre de una de las playas más bonitas que conozco, las de Araya, en el estado Sucre.
Los gatos son, muy frecuentemente, los protagonistas de las ilustraciones que realizo; tal vez porque son también protagonistas en mi vida: tengo cinco (y dos perras). Trato de captar en mi fantasía sobre ellos los matices divertidos, ingenuos, y un tanto bellacos que suelen tener. Así surgió la escena central: un papá orgulloso que exhibe su pesca; la nena consentida, tímida y algo pícara que se esconde a sus espaldas; la madre al fondo, intentando aparecer en la foto. Todos tienen una divertida felicidad gatuna. Por eso sonríen mostrando sus dientes.
Tampoco puedo renunciar a la tentación de introducir elementos fantásticos. Como me pasa con los gatos, lo fantástico forma parte importante de mi visión del mundo. Así que puse esas sirenitas medio díscolas que intentan llamar la atención del jovencito que bebe contemplando el mar bajo su sombrilla.
Pues bien, comencé con un dibujo de líneas muy sueltas que me permitieran definir la escena:
Luego procedí a aplicar lo que llamo "las manchas de color", que generalmente son las áreas más grandes y las capas de color que quedarán debajo. Por supuesto, la idea inicial camba bastante en el transcurso. Como soy una dibujante novata, tengo la "ventaja" de la ignorancia... de todo método. Así que cambio cosas según mi intuición me indique, pero también porque me voy metiendo en la escena y resulta muy divertido modificar el mundo que estás habitando mágicamente.
Por supuesto, cambiar a mi antojo y sin método conlleva sus pequeñas catástrofes, como la de la gatica convenientemente borrada que está a la derecha.
Aproveché en esta etapa de dar un aire de época a mis gatos. Les puse monísimos trajes de baño de los años veinte.
Una vez en este punto, algunas cosas me parecían faltas de tensión: necesitaba transmitir la sensación de aglomeración que tenía en mi cabeza y anudar puntos flojos en la escena que se desarrollaba. Tampoco estaba satisfecha con el color del mar, ni con el sol, que quería que fuera, literalmente, una bola de fuego. Resolví crear pequeñas dunas en la arena para equilibrar con las olas del mar y llenar la extensión excesivamente plana de la arena; agregar más matices de azul al mar; poner mucho dorado y oro escarchado a la bola de fuego del sol; poner a la gatica fallida a dormir de cansancio al lado de su hermano (quien quedó enterrado un buen rato); y coronar las ruinas del castillo de Araya con un pequeño pelícano: animalito hermoso, que acompaña el tránsito de los vivos hasta los valles de los que no regresaremos.
Carpe diem
Que los días finales no han llegado.