
Un aire de recogimiento y nostalgia nos acompañan a desempolvar estos libros de antaño: gordos, gruesos, pesados, contentivos de imágenes de fotografías a color o en blanco y negro. Generalmente, muchas de las personas que están allí ya no nos acompañan en el presente.
Al abrir este compendio, comenzamos a buscar parecidos y a mostrarles a todos los hallazgos que vamos obteniendo y parece mentira, cada vez que abrimos uno de ellos no podemos evitar volverlo ver de principio a fin con risas o sentimiento.
Se trata del álbum de fotografía, artículo obsoleto e innecesario hoy en día, pero que en su momento ocupó los espacios principales en las bibliotecas o gavetas, porque se tenía uno para cada evento importante: matrimonio, nacimientos, bautizos, cumpleaños y más.

Cuando digo risas es porque siempre hay algo que sorprende a los más jóvenes: la vestimenta, la manera de llevar el cabello, las poses rígidas asumidas cada ver que nos iban a retratar, los modelos de los vehículos y más. El álbum refleja el tipo de vida que llevaba la persona en ese momento, su apego a modas y vida social.
Escribir acerca de la fotografía nos lleva a recordar las peculiaridades que existían, por ejemplo: había quien se encargaba de “arreglarlas”, muchas veces la persona salía con los ojos cerrados, y ese evento importante, por ejemplo, el de la primera comunión o la graduación de sexto grado, quedaba registrado con esa anomalía; entonces el “artista” construía unos primorosos ojos, que satisficieran más a los adultos, obvio, el protagonista de la imagen nunca quedaba contento. Y es que en esos momentos se trataba de capturar la escena con un solo disparo, todo ello dependiendo de la cantidad de rollo que tuviera la cámara y la disponibilidad económica para pagar una sesión de fotografías completa.

Como dato curioso debo agregar los retoques que se hacían a fotografías tomadas a difuntos, existió la tendencia a dejar ese recuerdo, y al rostro del ya fallecido se le tomaba la imagen, que luego igualmente recibía los cambios correspondientes de apertura de ojo, coloración de las mejillas y labios para darle una apariencia como de persona viva: bastante macabro todo esto.
Es necesario también contarles a los más jóvenes, que nunca quedábamos satisfechos con la manera cómo habíamos quedado, hasta que pasado el tiempo, al volver a ver la imagen reconociéramos que estábamos mucho mejor ahí que en ese momento. No como ahora que las personas pueden tomarse cien fotografías para seleccionar una que le satisfaga, en todo caso, cuestión de vanidad.
Los álbumes conservan fotografías en blanco y negro o en tono sepia que poseen su atractivo. Aquí aparezco hace unos cuántos años.
Siempre será grato contar con esos registros visuales que muestran un antes y un ahora. En tiempos tan raros como los que vivimos, imaginar un cataclismo insólito, que borrara todas las evidencias tecnológicas de los últimos treinta años a nivel mundial, donde se tuviera que empezar de nuevo sería el acabose, mientras los que guardamos nuestros álbumes tendríamos algo que mostrar. (Risas) Algo nada probable, la vida sigue y los cambios siempre son bienvenidos.
Hasta aquí mi captura de la historia, espero les haya gustado, su opinión siempre es valiosa para mí.
He hecho esta publicación para cumplir con el reto al cual nos invita el amigo
Hive account@gaborockstar como una iniciativa de @sayury y @vdc a la cual puedes sumarte haciendo click aquí.
Contenido original
Imágenes propias de fotografías personales

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