Esta es mi primera carta al viento. La envío a quienes ya se sienten crecidos pero una vez fuimos niños, recordando nuestro pasado más especial y transformándolo en futuro hermoso.
Gracias Espíritu de la Navidad
Mis deseos de navidad están llenos de deseos nunca logrados, pero no por eso señor espíritu de la navidad me siento mal. De niña durante cada navidad pedía una bendita muñeca Barbie, nunca tuve ninguna. En cambio recibía una alcancía para guardar ese dinero ganado colaborando con los quehaceres de la casa. No importa, está olvidado; cuando tuve mi primera hija, le compre la Barbie más linda en cada navidad. Pero siempre terminaban en la misma casa de juguetes rotas. Qué bueno que nunca me trajiste una Barbie espíritu de la navidad, creo que querías enseñarme algo importante. En cambio me trajiste un juego de lego y con ella construí castillos de esperanza, hogares a montón de hermosas y divertidas familias que se amaban siempre y compartían responsabilidades.
La verdad es que solo pedir y pedir para obtener lo deseado, no te enseña responsabilidad. Cuando ya te tenía convencido de traerme una bicicleta, surgió un gasto extra familiar, así que quedó para el siguiente año. Hasta que al siguiente lo obtuve al fin, la bicicleta soñada, era demasiado grande, no alcanzaba al piso, así que tuve que esperar crecer un poco más.
Después crecí, me gradué y en mi trabajo realizaban un intercambio llamado amigo secreto, como en cada ocasión pedía un regalo tan simple como un libro, de mi autor favorito a veces era de Gabriel García Márquez o en su defecto solo quería hojas de papel de colores para escribir mis cartas a familiares, recuerdan cuando usábamos el correo. Nunca me complacieron y era un simple libro, en cambio me mandabas perfumes, adornos, ropa, pero nunca el bendito y simple libro que deseaba leer o aquellas hojas de colores bonita con rayas para escribir y flores en el fondo, que vi en la vidriera de las librerías que nunca me compraba esperando que alguien me las regalara.
Gracias espíritu de la navidad con cada regalo no recibido, aprendí muchísimo, hoy en día lo sé. Obtuve un gran aprendizaje de cada vez que no vino ese regalo deseado. No era la muñeca lo importante lo era la familia. No era importante el papel para escribir, lo era el mensaje. No era el libro por leer era la oportunidad de escribir tus propias historias. Era la vida misma para construirla con amor.
Utilizó el Espíritu de la Navidad para generalizar los regalos que se reciben en estas fechas navideñas, el del niño Jesús, el de Santa Claus y el día de los reyes.
Gracias al equipo de La pluma mágica por estos espacios tan bonitos que nos motivan a escribir estas participaciones tan únicas y especiales.
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Imagen del blog principal del Concurso Cartas al VientoFuente