I
Si fueron incontables los días que se sintió vivo al lado de ella
Fue imposible decir cuántos pasaron para olvidarla.
Porque todos esos días incontables no fueron más que repeticiones de lo vivido
Ya que fueron cientos los días en los que la descubrió
Pero en tan solo un día la conoció realmente.
Era única y no era difícil diferenciarla de los demás
Resaltaba a la vista, se distinguía entre la multitud
Aun cuando se encontraba seria y ausente.
Posiblemente fue la manera que plasmaba en su vestir el color que le gustaba
Quizás la expresión que dejaba notar cuando veía animales que le fascinaban.
No se podría decir qué era lo que la hacía especial,
Pero sin duda transportaba a otro lugar y paralizaba el tiempo.
II
Cuando se dejaba querer,
El amor parecía ser el motor de su existencia.
Era tan observable que podían pasarse las horas, sin decir palabra alguna
y aun así seguía agradando a la mirada.
La belleza que todos notaban era extraordinaria,
la belleza que él notaba transcendía
y tan solo aquellos que hubiesen pasado por ese día solitario que significaba el conocerla,
Se percatarían de la belleza que en realidad tenía,
Pero no, no era tan fácil como parecía.
Su forma de expresar lo que habitaba en su alma era tan inusual,
que era inevitable no transformarse poco a poco,
empezando por el habla y terminando por el sentir,
porque no había ser humano que terminando ese día,
pudiese ver el mundo de la misma manera o pudiese sentir con tan poco sentido.
III
Pasaron los imposibles días del olvido y muchos creyeron conocerla,
Y en busca del amor que significaba la fuente de su existencia perpetua
le regaló días de sobra a todos aquellos ilusos,
que juraron que funcionaría,
pero fue tal la desdicha para ellos y tan pobre lo preparados en espíritu que estaban,
que no lograron ver ni tan solo un poco de lo que realmente era.
Se conformaban con lo hermosa que era,
con la gracia que bailaban sus sentimientos cuando salían de su alma,
pero no lograron ver más allá.
Él, sin embargo, en sus días imposibles, buscaba olvidarla,
cosa complicada porque no había rincón de vida en donde el olor de sus sentimientos no hubiese dejado secuelas,
su recuerdo se impregnó irreparablemente en las paredes de su ciudad,
por donde caminaba a diario, en las canciones que le gustaban,
que él escuchaba con repetición porque le encantaba la música,
pero donde más sentía su presencia era dentro de sí mismo,
dado que no había conocido otra vida tan cercana a ella como la propia.
IV
Así que buscó, de manera irremediable, extinguir su sonrisa del recuerdo latente,
pero no pudo y lo peor es que nunca quiso hacerlo.
La forma en que reía era de sus cosas preferidas,
así que prefirió conservar esa risa en su alma
tal cual ella la había dejado.
No entendió cómo se debía conocer a alguien
durante el resto de sus días imposibles hasta que la olvidó,
porque fue tal la naturalidad con la que caló dentro de su esencia
que le causaba pereza el habitual hacer de todos los demás cuando conocían a otro ser.
De ésta forma se quedó tranquilo,
la oportunidad de ese día solitario lo hacía feliz
y el día que decidió que podía convivir con el olor de sus sentimientos bailarines
y que otros podían tener la dicha que él tuvo porque era ella la única
y él no era otra cosa que uno más de ellos,
terminaron los días imposibles y la olvidó… por un rato.
Querido Lector. En ésta nueva oportunidad te traigo una prosa sobre una experiencia de amor que tuve hace unos años. A veces, situaciones que escapan de nuestras manos nos obligan a separarnos, pero no es algo más que físico, ya que solo se va quien se olvida. Mantén siempre a la gente presente en el corazón. ¡Un abrazo enorme!
—Argento, El Autor.
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