Allende el tiempo
genuino de la tarde,
los besos que a hurtadillas
nos dimos una noche.
Y fue testigo el cielo,
reflejo en mis pupilas,
cuando tu nave, ufana,
navegaba en mis mares.
De aquella dulce entrega
revuelo de pasiones,
de pieles removidas,
de calmas y fatigas;
solo queda el recuerdo,
tu voz y mi sonrisa.
En tu tiempo y mi tiempo,
perdurará por siempre
nuestro amor infinito.
Fotografía y poema originales.
Soy