Hace muchos años, cuando apenas era una niña, mi madre me contaba lindos cuentos.
Recuerdo uno que hablaba de que, en cada pueblo existe un lugar hermoso y mágico, invisible para todas las personas que aún no están debidamente preparadas para verlo.
Al parecer, cada persona tiene un tiempo reglamentario y sin prórrogas, para buscar y encontrar en el momento justo -ni antes ni después- al enigmático lugar.
Ahora bien, como siempre, en todo hay un pero y mi madre me enseñó parte de los requisitos que debía ir acumulando en mi vida, para cuando me llegase el turno de buscar el camino.
─Todo en este mundo se mueve con el amor -decía dulcemente mientras tejía mis trenzas- Es por eso que en el cielo hay muchas estrellas, para todos.
─ ¿Y solo hay estrellas de amor? -le preguntaba.
─No querida, hay estrellas para muchos propósitos y cada quien debe conquistarlas con sus acciones. Así se va acumulando un gran tesoro: un baúl lleno de estrellas.
Y así seguía contándome lindas historias cada vez que peinaba mi largo cabello, como si al hacerlo, imaginara que tenía en sus manos las crines de un corcel con alas o un unicornio. Tal vez no era ella la que echaba a volar la imaginación, sino yo.
Mi madre decía que las bellas acciones son premiadas con estrellas. Hay estrellas de amor, de bondad, de esperanza, de valor, de sacrificio, de conformidad, de inteligencia, de creatividad, de compañerismo, de humildad, de discreción, de honestidad, de sinceridad, de comprensión… y así muchas más.
─Cada estrella que ganes –decía- será como un peldaño de la gran escalera que hay para subir al cielo. Algunas tienen premios de avance por dos o más peldaños y las vistas serán más hermosas, cuanto más asciendas.
─ ¿Y quien tenga pocas estrellas no llegará hasta el cielo? –pregunté
─Todos pueden subir al cielo, solo que disfrutarán de acuerdo a sus ganancias. Pero recuerda, nunca serán demasiadas las estrellas que acumules, porque de las que más tengas, también puedes compartirlas a otras personas, o hacer intercambios. En cada estación que vamos llegando, siempre habrá actividades apropiadas para cada tipo de corazón. Algunas veces tocará sentarse en un peldaño a llorar o a consolar, pero siempre seguir subiendo hasta encontrar el justo lugar.
Y nunca olvides llevar tus lápices de colores, tus sueños, tus poesías…
A lo largo de mi vida, siempre han estado presentes las palabras de mi madre y por supuesto que tengo mi baúl de estrellas, solo que nunca miro adentro cuando guardo una nueva. Ya llegara el momento de saber cuántos peldaños acumulé para ganar la recompensa.
Cuento el cuento a mis hijos y a todos cuantos deseen escucharme o leerme.