por un ser que no me pertenece
y una sociedad alusiva,
benefactora de mis actos controlados
por mi constancia al régimen.
Soy quien ha de estar siempre encerrado
y cohibido de los pensamientos realmente revolucionarios,
para adaptarme al formato establecido.
Apuntando hacía el piso por no tener norte ni sur,
esclarecerme y debilitarme como en fase terminal a mi conciencia,
desencadenar una ráfaga de inoportunas acciones con paso militar,
y no poder entregarme al libertinaje del verdadero ser
que se somete a la sentencia agonizante de esta sociedad.
ahora he decido ser quien pueda disfrutar de la noche,
emborracharme antes de ir a dormir,
un ser absuelto de leyes hipoxicas y días patrióticos,
viendo el sueño junto con los niños sin casa,
que tiran del papa-gallo que sale de noche para traer las migaja.
Estar junto a los jóvenes que llevan armas en los bolsos para enseñarles
que la única arma que necesitan es la palabra,
que no importa cuanta corrupción haya, porque aquellos nunca son libres,
como nosotros.
Ramón Rodríguez, 2014.