Esto fue algo que me sucedió hacer un par de días.
Iba saliendo del trabajo, era la hora del almuerzo, aproximadamente las 11:30, y el caminante podía darse cuenta sin mucha dificultad, que el cielo de la ciudad del sol mal amada proponía lluvia, pero el pobre desafortunado tenía algo que alegarle a Dios, como de costumbre. Y hablando de costumbres, aquí tengo cabida para mencionar una de mis preferidas. Cuando leo un libro que me encanta (lo cual suele ser difícil puesto que en mi país y estado, la gran mayoría de las personas se preocupan más por cualquier tubérculo que por la literatura) suelo llevarlo conmigo para taparme el sol con su cuerpo, y releerlo en momentos muertos del día, busco pasajes que recuerdo con cariño o admiración para probarme a mí mismo que tanto conozco la obra.
A las personas a quienes les cuento esta práctica mía les suelo parecer un poco obsesivo, pero nadie dice nada al respecto cuando el libro trata sobre un hombre que camina sobre el agua y que es una especie de decantador divino.
Detalles...
Volviendo al tema, no podía colocar este libro dentro del bolso que cargaba puesto que era tipo gympack y los libros gruesos dentro de estas oquedades se maltratan más que todo en los bordes, y no le iba a hacer eso nunca a mí querido Michel Tournier, de forma que de alguna manera envolví el libro con el bolso que no llevaba muchas cosas, lo abracé y empecé a correr. Era un movimiento mecánico patético, estaba algo amanecido, llevaba pantalón, chaqueta y botas, se podrán imaginar la velocidad a la que me desplazaba en una de esas subiditas que son bastante practicadas como alguna especie de parodia al trabajo de la arquitectura y la ingeniería civil.
Algo así me imagino, pero menos épico, y en menos resolución, diría, 240p.
Cuando estaba llegando al sucedáneo de "cima" que estaba recorriendo, escucho a alguien que me habla a un costado:
Pégate a la pared, mamaguebo, que estai's atracao.
No salía de mi asombro, pero era más inclinado a lo hilarante puesto que no traía nada de interés para un ladrón.
-¿Se puede saber que me vas a robar? Aunque si eres un ladrón con clase no me molestaría tanto que me robaras libro, pero lo vas a tener que leer, si no lo leen se deprime.
Decía el no tan joven de cabello largo mientras acariciaba la portada del Rey de los alisos.
-¿Vos creéis que yo estoy jugando chacho marico?
-No, pero no es la primera vez que me roban, tus congéneres me han llevado a un estado que esto no me alarma, si me vas a robar, hazlo, ¿qué, quieres que llore? Revísame el bolso, insisto.
El sujeto extrañado espera que deposite mi bolso en sus manos mientras miraba ansioso como tenía las manos en los bolsillos.
-Mis con... ¿qué?¡Qué's esta verga? (exclama como enojado)
-Es un libro estupendo de un autor francés que trata acerca de un hombre que siente que en su vida pasada fue un ogro de tiempos medievales y que tiene una misión que cumplir en la cuna de la colonia alemana, es bastante hilarante, está abarrotado de satírica crítica hacía costumbres sociales, políticas y bíblicas, además que...
-Podrías callarte la maldita boca, pelao del sevillo, ¿dónde está el teléfono?
-Ya me lo robaron hace una semana, era un potesito que lo más cercano a la burguesía que tenía era una linterna, y sabrás que un teléfono actualmente cuesta no un pulmón, si no varios órganos del cuerpo humano y animal.
-¿Por qué andabas corriendo si no tenías nada de valor entonces?
-¿Nada de valor? nada de valor dice... ¿Sabes cuánto cuesta conseguir literatura francesa en este jodido país?
-¿Si te doy el bolso dejas de hablar tanta mierda?
-¡Con mucho gusto!
Luego de que me devuelve el bolso el sujeto se ríe y me dice:
-Verga, en lo que le cuente a los panas que me encontré un coño que no le quité nada pa' que dejara de hablar webonadas el marico voy a ser yo.
-Ja ja, hey, ¿tienes hambre? Tengo algo de dinero en la tarjeta, puedo comprarte algo de fruta.
-Anda a joder al coño vos y tu maldita madre cristiano del sevillo, ¿me quieres hacer sentir mal? Andá a mamarte un guebo.
-No chico, primero calvo que religioso, es sólo que no puedo creer que no me reconozcas, solíamos ir al mismo liceo hace aproximadamente cinco años, yo jugaba baloncesto pese a mi estatura y usaba el cabello corto por mi padre militar, y no usaba lentes.
Me quité los lentes con cierta paciencia mientras él se asombraba.
-Y ahora, Jorge (le acoté), te acuerdas de mí?
Al reconocerme, mi a ratos "compañero de juego", pude sentir como se le enredaban las cuerdas vocales, me abrazó.
-Te ves completamente distinto (me dice), ¿Víctor, qué tanto te ha pasado?
-¿Ah? ¿Ahora no soy homosexual ni practico felaciones a hombres indiscriminadamente no? Además, sabes que mis pocos amigos me dicen Hugo.
-Vais chico, estaba metiéndome en el papel... no me ha ido bien desde que mi novia salió embarazada...
-Salió dices, como si no tuviera nada que ver con vos Ja ja.
Caminamos hasta la calle donde las vías nos separaron, espero que él no haya ido a robar a alguien luego de eso.
Fue algo que supera las reuniones de las promociones.