¡Saludos amigos de Steemit!
Hubo una época en que me sentía ágil y me consideraba un explorador de la naturaleza. Desde muy niño las cuevas han sido, de los espacios naturales, las que me han resultado más atractivas.
Mi padre, nacido en Marigüitar, un pueblo de la costa del estado Sucre, acostumbraba a llevarnos a la Cueva del Guácharo, en un viaje de ida por vuelta cada vez que visitábamos su terruño. La cueva del Guácharo, Alejandro de Humboldt y sus Viajes a las regiones equinocciales fueron, desde muy pequeño parte de mi imaginario.
Mi padre fue en su juventud asistente de investigación del gran herpetólogo Abdem Lancini, gran humbolista. Mi admiración por Humboltd bebe de esa fuente. La idea de este hombre que desafió a los chaimas para ingresar en esa puerta del averno tiene un lugar muy fuerte en mi psique. De allí probablemente mi idea de querer ser espeleólogo.
Al llegar a la adolescencia tomé la costumbre de visitar los fines de semana las conocidas cuevas de Rolando del estado Anzoátegui. Hacíamos una caminata de varias horas desde el Salto La Sirena para llegar hasta allí. Recuerdo como la noche que cumplí 15 años la pasé en una carpa cerca de la cueva con mi amigo de la adolescencia Douglas. Era lo que había pedido de regalo: Que se me permitiera acampar en la montaña solo. Recién había hecho un cambalache de un traje de neopreno que me quedaba pequeño por mi primera carpa. Esta salida, imposible en nuestra Venezuela de hoy, marcó mi espíritu.
Fotografía del autor en el interior de la "Sima los escorpiones" haciendo el levantamiento topográfico (Fotografía de T. Gregoriani. Archivo del autor).
Años después logré enseriar ese espíritu en un grupo espeleológico. Con ellos hice mi primer trabajo serio: Describir por vez primera una cueva: La "Sima los escorpiones" en el estado Anzoátegui. La mayor del estado en desarrollo vertical. Ese trabajo se publicó en la revista Saber de la Universidad de Oriente y puede consultarse aquí http://ojs.udo.edu.ve/index.php/saber/article/view/383/268
Ubicación de Alto Llano: El caserío de la señora Séfora (Captura de Google Maps).
En los varios viajes que hicimos a esa zona tuve la oportunidad de conocer a la señora Séfora. Trabajaba ella en su pequeño corte de café. Así que nos recibía y nos despedía con una taza de café recién tostado. Una vez incluso saciamos el hambre con la extraña carne de un mapurite que habían cazado y preparado para ellos.
La señora Séfora tenía esa jovialidad de las personas del campo venezolano aunado a esa extrañeza que manifestaba por lo que hacíamos: "¿Yo entrar en ese hueco? ¡Estaré loca!" Una noche en la que un palo de agua nos detuvo más de lo esperado en su casa de bahareque, motivada por los truenos que se escuchaban y los rayos que caían nos contó una de sus primeras historias.
-Mañana por allá donde cayó ese rayo voy a buscar una piedra de centella. Hay que ir temprano. Antes que se la lleven los duendes.
-¿Y cómo es eso señora Séfora?
-Donde cae el rayo. Allí en lo profundooo... Allí se encuentra una piedra de centella. Hay que registrar la tierra. Pero hay que ir temprano... Porque los duendes se las llevan. Son buenas para la reuma. Miren que les muestro una. Un hombre que era mío, porque otra me lo quitó, me la regaló. Hay que guardarlas como un tesoro. No se pueden vender. Solo las puede conseguir uno regaladas o buscadas en la tierra. La piedra de centella es un buen amuleto. Puede protegerte de muchas cosas. Pero hay que buscar mucho. Y los duendes siempre llegan primero.
-¿Y cómo son esos duendes?
-No se pueden ver. Nadie los ha visto. Pero ellos se llevan las piedras. Allá abajo hay un viejo que dice que los ve. Pero eso es cuando está borracho.
La lluvia fue fuerte esa noche. Con café y con brujita* nos protegimos del frío. Hoy que ha llovido todo el día aquí en Santiago he recordado a la señora Séfora y he sentido nostalgia de la libertad de viajar por mi hermoso país. De detenerse en cualquier caserío. De recibir un plato de comida de un completo extraño. Y de escuchar maravillosas historias a la luz de una lámpara de carburo.
*La brujita es una botella de licor a la que se le han añadido raíces, palos, escorpiones y serpientes. Para aquellos que las preparan tienen propiedades medicinales y mágicas.
(A menos que se indique lo contrario todas las fotografías son originales del autor).