Sara ordena su habitación, un tiempo de limpieza común del hogar; y aprovecha la oportunidad de separar algunas cosas para un posible y pronto viaje del cuál no sabe qué será de su vida, pero confiada en Dios que nunca la ha desamparado.
Entre ropa que ya no usa, maquillaje por doquier y lociones corporales a medias, bualáaaa! Aparece su caja de los recuerdos…
“Cómo quisiera llevarmela con todo dentro pero no cabría en la maleta”
Urgando un poco, se toma un tiempo para leer todo aquello.
Mientras se sienta en el tope de la cama desordenada, suelta las pantuflas, y empieza recorriendo dedicatorias del bachillerato, firmas de Servando y Florentino (con mucho orgullo), tarjetas de su graduación, y cartas de amor de su enamorado esposo cuando iniciaron esa aventura. Caen solo unas cuantas lagrimitas de felicidad y continúa con su propósito de ver todo lo que hay allí dentro.
Inmediatamente, encuentra un pequeño banner que hicieron sus ex-compañeros de trabajo el día de su cumpleaños. Ese fue su último empleo, trabajó por casi 9 años. Inició como Profesora de Inglés hasta llegar a ser la Directora del Instituto. No sólo fue difícil despedirse de sus compañeros sino también de esas paredes y ventanas entre las cuales pasó horas y horas de una labor gratificante. Como dicen por ahí: Cuando el trabajo es un placer, la vida es un disfrute.
Alcanzó muchas metas durante ese período, con los ingresos de su trabajo más los ingresos de su esposo ambos adquirieron su propia casa y automóvil. Además, iniciaron el proyecto de una empresa juntos, la cual fue muy exitosa. Sin embargo, todo eso pasó a ser parte de un pasado muy bonito. Ambos tuvieron que renunciar a sus logros por vivir en un país cuyo sistema de gobierno derrumbó todas sus posibilidades.
De pronto, Sara se da cuenta que la vida da muchas vueltas, que todo quedó en esa caja de los recuerdos, y no sabe dónde estará el día de mañana. Y piensa,
Estamos próximos a un nuevo destino, ¿podré conseguir empleo fácilmente? Cómo disfruté la gerencia, ya me había acostumbrado a solo mandar...
Se sonríe por su chiste interno pero al mismo tiempo la invade un poco el miedo y las dudas. Con frente en alto está dispuesta a continuar y volver a empezar la construcción de su vida y la de su familia juntos, por un mejor futuro para su pequeña hija. Y continuó meditando...
Estas casualidades de la vida son sorprendentes, lo sé, porque cuando menos me lo espere ya Dios me tiene preparado algo mejor. Sólo debo estar atenta, sé que me llevará a lugares a los que nunca he esperado llegar. Pero que indudablemente, debo alcanzar.
Finalmente, Sara se incorpora de ese momento de reflexión y continua en sus actividades del hogar...

