Cuando soñamos con cambiar nuestro trabajo o ir a un safari en África, por ejemplo, leemos todos los anuncios de trabajo en el periódico o en cada revista de viajes que podemos tener en nuestras manos. Estos sueños incluso pueden ser una molestia, porque no podemos dejar de pensar o hablar de ellos. Nos empujan, nos obligan a darlo todo y, a diferencia de las fantasías, no son solo caprichos pasajeros.
Si tuviéramos que hacer una lista de nuestros sueños, ¿cuántos de ellos realmente nos impulsarían a actuar y cuántos de ellos son solo deseos? Necesitamos diferenciar entre los dos para no frustrarnos. Si pudiéramos descubrir cuáles son los verdaderos sueños y ser honestos con nosotros mismos, podríamos lograr mucho más del 12% de ellos. Si no estamos interesados en hacer ejercicio o hacer dieta, ¿qué sentido tiene considerarlos como objetivos?
En definitiva, los sueños nos ayudan a avanzar y crecer como personas. No tienen que ser grandes. Un buen sueño podría ser sonreír durante los días difíciles. O podrían ser más ambiciosos, como obtener un ascenso en el trabajo o encontrar una relación más saludable. Sea lo que sea, si no nos impulsa a actuar, a ponernos a trabajar o a inspirarnos, es probable que sea solo una fantasía. No hay nada de malo en esto, pero debemos reconocerlo desde el principio para evitar frustrarnos cuando pensamos en los sueños que no hemos cumplido.