Agazapada, asustada, acorralada, sobrepasada en fuerza y en número. Esto hizo que la víctima se sometiera mientras los cinco animales la penetraran con su sexo de todas las formas posibles. No son necesarios los golpes, ni las armas...son cinco hombres, contra una mujer sola, encerrada en un portal.
Este hecho ocurrió en Pamplona el 7 de julio de 2016. Son hechos probados.
Pero la Audiencia de Navarra no cree que sea una violación y a los culpables los condena a sólo nueve años de prisión: José Ángel Prenda; Jesús Escudero; Ángel Boza; Antonio Manuel Guerrero y Alfonso Jesús Cabezuelo, los cinco miembros de “La Manada”. El tribunal ha considerado que los cinco jóvenes sevillanos cometieron un delito continuado de abuso sexual con prevalimiento por los hechos ocurridos en los Sanfermines de 2016, un punto intermedio entre la absolución que pedía la defensa y los 22 años por violación que reclamaba la Fiscalía.
Como mujer cierro los ojos y pienso en todas las veces que he sentido esa alarma. Ya en su momento escribí mi peor experiencia bajo la campaña #MeToo, por lo que no voy a repetirme.
Pero ahora pienso como madre, aviso y lo dejo reflejado en la blockchain… honestamente, si la ley no es capaz de protegernos, nos protegeremos nosotras… aprenderemos a defendernos con cuchillos, punzones y martillos. Vosotros jueces, vosotros queréis hacernos débiles, no lloréis cuando nos maten, no os lamentéis cuando el maltrato nunca acabe, no os quejéis porque seamos nosotras, sin vosotros.
No es violación, porque no hay violencia ¿Qué más violento que una niña de 18 años acorralada contra cinco hombres? ¿Qué más violento que ser pasada de mano en mano como un balón a pesar de sus sollozos? ¿Qué más violento para nuestra sociedad que el hecho de que uno de ellos sea un Guardia Civil?