¡Hola, apreciados y respetados lectores!
Continuando con la presentación de mi segunda antología de poemas, bautizada: "El Ensueño de un Poeta", con mucho placer, les comparto el "Poema 28" de ésta, que se titula: "¡Qué Hermoso Valle, el que Vi!". Como ya es costumbre, he acompañado el poema con una fotografía de mi autoría alusiva al tema. Esperando sea de su agrado, les envío en estas líneas mi acostumbrado fraterno abrazo.
¡QUÉ HERMOSO VALLE, EL QUE VI! (PROSA POÉTICA)
(Poema 28)
Pasaron tantas cosas allá, que no sé cómo comenzar.
Mi relato ha de ser tan triste, que no sé cómo ha de terminar.
Por lo menos comenzaré con alegría, por haber estado en aquel lugar, donde se inundó el alma mía, de encanto, policromía y belleza natural.
Las cosas que allá me pasaron, han de quedar grabadas en mí.
Todas aquellas cosas me regalaron, la armonía, en aquel valle que vi.
¡Qué hermoso valle, el que vi! Todos esos lugares visitados, todos los parajes hermosos que vi, comparables sólo con mi madre: la hermosa flor de donde nací.
Y allá, en aquel hermoso valle, la cuna natal de Luisa María, majestuoso día de su nacimiento, ese natalicio de la madre mía.
Y aquel valle de sus cimientos, lo recordaré por toda mi vida, como santuario de amor y alegría.
Allá, en aquel bello valle, todo era muy magnificente.
La cueva de milagrosa esencia, cuyos vestigios mudos hablan y dicen del milagroso evento, que mi consagrada madre naturaleza, va forjando a través del tiempo, de millones de años de formación.
Las graciosas figuras que nos muestra, nuestra hermosa y tímida madre.
Y que, además, con dulzura, nos dice: “Esto lo he creado para ustedes.”
Y en “Las Pailas”, ¡qué hermosura! Allí pude, por un corto momento, hablar un buen rato con ella y ser cobijado con su ternura, de dulces alboradas y de estrellas.
Ella me decía con prontitud: “Hijo mío, cómo has estado”.
Le contesté que me hallaba mejor, cuando la tenía cerca, a mi lado.
Y me acarició con su mano vegetal, con su ternura de madre buena y la abracé con mi alma llena.
Luego vino todo lo que vino. Cosas desagradables de la vida.
Conflictos con una supuesta amiga, que resultó ser todo un enigma.
Creí que la conocía un poco, pero fue tan falsa mi creencia.
Pues resultó que, poco a poco, fui perdiendo toda indulgencia, que pude haber tenido con ella.
No la quiero ya más cerca de mí. Su presencia, ahora me molesta. Y no quiero hablar más de ella.
Lo mejor, es recordar ese valle, con ternura y con mucha devoción.
Y aunque lejos de él me halle, poder recordarlo con emoción.
Es el valle de mis dos madres, es el valle de la reconciliación.
Caripe, lugar de una de mis madres. Y La Tierra, lugar de mi madre superior.
Las dos me aman y a las dos, amo. Y al recordar aquel hermoso valle, es como nacer de nuevo entre ellas, arrullado por el agua mansa de sus detalles.
Y estoy aquí Madre Tierra, adorada y pulcra madre mía.
Soy un simple mortal en ti, como ha sido desde el primer día.
Anhelante te busco Madre Tierra, desde el día en que, de ella, yo nací.
Y en Caripe te he visto todo el tiempo, todos los bellos días que estuve allí.
Mi espíritu se regocija al tenerte, y hasta canta una canción de amor.
Pues, hasta que no me quede inerte, yo seré tu fiel y amante celador.
AUTOR: JOSÉ M. LAUSAR
Esta prosa la escribí hace muchos años atrás, en una época universitaria de muchas alegrías y responsabilidades. Espero les guste su contenido.