Todo comenzó en aquel cuarto lleno de espejos que reflejaba cada gesticulación de mi cara, él insistentemente me preguntaba si ya podía salir del baño, mis primeras dos respuestas fueron que no mientras me seguía mirando al espejo y repasaba mentalmente lo que haría. A su tercer llamado, yo, con voz de mandato mientras abrí la puerta, le dejé salir.
Allí estaba él recién aseado, despeinado y semidesnudo en aquella habitación. Semidesnudo y solo para mí.
Yo lo tomé del brazo lo puse en la cama, me senté sobre él y lo empecé a besar hasta acostarnos en la cama. Me controlé a mí misma, lo tomé de la mano y me levanté, ya que necesitaba tenerlo unos minutos de pie. Lo recosté de una pared y empecé a besarlo con deseo, por la dureza de su entrepierna podía saber que le gustaba lo que yo estaba haciendo, y por lo curiosas que estaban sus manos sabía que esto apenas empezaba.
Mis labios se separaron de los suyos sólo para poner una cortina musical a aquella seductora escena, decidí poner Earned it de The Weeknd – unos de mis cantantes favoritos – para empezar a bailarle con sensualidad y dedicación al dueño de mi cuerpo y mi deseo. Empecé a mover mis caderas de un lado a otro; yo sentía como él observaba lascivamente mi escote mientras yo iba frotándolo contra su pecho, me volteé dándole la espalda al ritmo de la música mientras mi mano derecha sostenía su cuello y mi cabeza descansaba en su hombro.
La luz estaba tenue mientras él, con respiración profunda y desbocada, se animaba a tocarme la pierna para alzarme la falda, pero en ese momento me negué a dejarlo ya que eso haría que su apetito fuera in crescendo. Camine un poco hasta llegar al otro extremo de la habitación para recostarme en un paredón; yo tenía mi cara, mis manos y mi pecho pegadas a esa bendita pared donde toda la acción empezaría. Él caminó conmigo, me puso las manos en las caderas mientras yo seguía inclinada bailándole, friccionando mi cuerpo con el suyo, provocándolo un poco más, le pregunté si deseaba ver lo que llevaba puesto bajo mi poca ropa para él y asintió con la cabeza y la mirada; yo en ese momento ya me había convertido en su niña buena, lo deje observar un fino encaje negro que vestía mis caderas y un poco más.
Después de una unísona respiración entrecortada de ambos sentí su toque infalible pero suave que haría que él tomara el control de la situación. Él empezaba a transformar sus miradas y gestos faciales; mientras me tomaba firmemente y me volteaba la cara hacia los espejos laterales y me preguntaba si me gustaba lo que veía y lo que sentía. Obviamente sí. Yo estaba atrapada en sus manos y él lo sabía.
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