La degradación humana actual ha hecho mella en los valores espirituales cultivados e inculcados por nuestros antiguos guías espirituales.
Entonces la bendición ha ido perdiendo el simbolismo, el valor y el poder que antiguamente se le daba.
Es un acto de invocación al Señor de los Siete Cielos, en el cual el que la da en la tierra es el invocador y mediador desde la tierra, declara con vehemencia Protección, Salud, Abundancia, Sabiduría y otros atributos y potestades propias de una bendición.
Lamentablemente el sentido de la bendición que el hijo le pide a los padres es tomado hoy en día como un acto de sometimiento y respeto de los menores hacia sus mayores.
La palabra es poder y de esto saben muchos sabios que en el cultivo del espíritu cantan, rezan, oran, dialogan y meditan para atraer energías, fuerzas y vibraciones capaces de ser concentradas hacia un mismo fin como lo es el caso de dar una BENDICIÓN en regocijo espiritual.