Quizás solo fue una pizca de estima lo que nos hacia sonreír el uno con el otro, nos complementábamos de mucha locura impulsiva y dejamos perder la cordura en muchas ocasiones.
Todo está cambiado, tildado de diferencia, huimos por caminos diferentes pero nos sentimos atraídos aunque estemos distantes y alejados, la vida nos ha separado por distintas adversidades promulgadas de malas decisiones y embestidas del destino.
Lo habitual perdió el significado, las situaciones se han transformado y han sido salpicadas de odio, disgustos y batallas distintas. Todo quedo atrás y por morales inculcadas, nacieron vacíos y algunos precipicios inesperados.
Aquello quizás fue amor, o solo una ilusión causadas por toda la dopamina generada por nuestros sentimientos. Ahora solo nos toca extrañar, recordarnos algunas veces y tratar de olvidar lo que sentimos.
La injusticia emocional no tiene juzgados de apelación. Somos los propios jueces de lo que sentimos, de lo que vivimos y de lo que queremos que nos rodee.