En una ventana a lo desconocido, estábamos tú y yo mirando a través del vidrio de una vieja ventana rota, mirábamos un paisaje diferente, un mundo de pocas carencias y repleto de un sinfín de maravillas. Nos tomamos de la mano y saltamos por el precipicio hacía aquel paisaje de muchas vivencias. La compañía mutua nunca nos dio indicios de soledad, la bondad y carisma se fue convirtiendo en un torrente de sentimientos únicos. Llenamos de pureza tan genuino y singular panorama, era perfecto, quizás a nuestra percepción, pero nos hacíamos felices.
Una vertiente de acaudaladas emociones fue invadiendo nuestra hermosa paradoja entre lo real y la ficción, todo se hizo tan único que podíamos estar volando entre muchas conmociones que nos invadían y nos satisfacían con mucha sinceridad, el dolor era un sentir intocable, tomados de la mano nos hicimos uno siendo dos, era algo tan mágico que quizás fue amor…
Y en ese bosque perfecto desperté y me topé con la realidad de que ya no estabas, de que de alguna forma te habías marchado, y mirando a mi alrededor todo se empezaba a marchitar, todo se iba convirtiendo en raras visiones y entre troncos secos seguían mis ilusiones.
Algunos me contaban que te habías perdido, y entre palabras de algunas voces se escuchaba que te fuiste volando y entre tormentas siderales me seguías amando. No encontré respuestas ante tanta habladuría, quizás solo se nos acabó nuestro tiempo, y sé que todo lo hicimos perfecto, llenamos de felicidad y amor a tan solitarios corazones, muchos recuerdos grabados seguirán vivos en nuestra memoria.
En lo profundo de mis mares sé que siempre vagaras tú como un recuerdo único, como las tardes junto al mar y las noches tan cerca de las estrellas…