Es probable que alguno de ustedes haya escuchado la expresión: separar el grano de la paja. Significa ir a lo concreto. Es uno de esos tantos dichos que tienen un origen antiquísimo y que nos sirven de referencia para iniciar una reflexión como la que les propongo en este escrito.
Una de las discusiones más antiguas en la historia del pensamiento es tratar de determinar qué se puede entender como un conocimiento verdadero. Cómo separar el grano de la paja, en lo que tiene que ver con toda la información que es capaz de producir y procesar un ser humano.
A este problema se le pueden rastrear las respuestas hasta los primeros pensadores griegos. Por cuestiones de espacio no voy a hacer ese recorrido. Arrancaré el tema con los tres pensadores que aportaron ideas fundamentales para darle piso epistemológico a la discusión sobre la verdad. Descartes, Hume y Kant.
René Descartes, en sus "Meditaciones Metafísicas", desarrolla el tema de la razón como base para acercarnos a la idea de lo que sería el conocimiento verdadero, “de lo que no se puede dudar”. David Hume en su "Tratado de la naturaleza humana", avanzó en la idea de que se podían combinar impresiones, sensaciones y reflexión, y propuso la posibilidad de replicar algunos conocimientos mediante la experimentación. Immanuel Kant, en su "Crítica de la razón pura", desarrolló el papel de la experiencia en la formación del conocimiento, pero también propuso que teníamos estructuras mentales que nos facultaban para poder lograr el entendimiento.
Con los aportes de estos pensadores se fue constituyendo lo que pudiéramos llamar una epistemología clásica. En este contexto la aproximación a la verdad del conocimiento se consigue mediante la verificación empírica de las hipótesis. Lo que conocemos como método experimental o método científico. Esta manera de entender la relación del conocimiento con la verdad se ha mantenido incluso hasta nuestros días.
Sin embargo, un autor se reveló contra esta forma de validar los conocimientos, Karl Popper. En una obra aparecida en 1934, "La lógica de la investigación científica", Popper hizo una propuesta que situó la discusión sobre la verdad en el terreno de la provisionalidad.
Para Popper, la validez del conocimiento se mantiene hasta que no surjan hechos que lo “falsifiquen”. Una premisa se mantiene hasta que pueda ser encontrada otra que la niegue. Por ejemplo: Tenemos como verdad la siguiente premisa: el agua es necesaria para la vida de las plantas.
En la epistemología clásica la demostración de esta verdad se haría mediante una demostración experimental. De forma resumida sería algo así: se diseña un experimento en el que se controlen ciertas variable, se toman varias plantas, de igual o distinta especie; a unas se les echa agua y a otras no y se saca una conclusión.
Sobre este método de validación del conocimiento, Popper hace la siguiente observación: no es posible replicar ese experimento en todas las plantas que pueden existir en el planeta. Es matemáticamente imposible replicar experimentalmente esa hipótesis, entonces la vía de la verificación, mediante la experimentación, queda en entredicho. ¿Interesante, no?
Al respecto Popper plantea una salida muy ingeniosa: Si alguien encuentra alguna planta que no cumpla con lo planteado en la hipótesis, esto es: que no necesite agua para mantenerse, dejará de ser válida la hipótesis. Esto es lo que se conoce como el falsacionismo.
En el fondo, Popper está proponiendo una visión darwiniana de la ciencia. Las proposiciones científicas se mantienen hasta que haya una falsificación fáctica. Es decir, mientras sobrevivan en la “lucha por la vida” (Darwin) de las hipótesis.
Pero en la amplitud de lo que es el conocimiento humano, no todos los conocimientos se podrán medir con esta propuesta popperiana. Aquí quedan excluidos de antemano todos los conocimientos que no puedan ser falseables, como por ejemplo: el sentir estético, el creer religioso y buena parte de nuestros juicios morales. Entrarían aquí todos los conocimientos que estarían ligados a la experiencia subjetiva.
Vemos entonces que un tema, aparentemente muy extenso, como lo es el de la verdad, también se encuentra restringido a una parcela de lo que es nuestra humana capacidad de conocer y entender.
Nos leemos.
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Para seguir filosofando.
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