guarda infinidad de aventuras,
infinidad de risas,
infinidad de cuentos.
Guarda cada suspiro de mis padres,
en cada ladrillo colocado,
habla de un sacrificio
por cada centavo pagado.
Guarda cada recuerdo, cada historia,
él es un testigo mudo de esa olvidada memoria.
Llegaron mis viejos cuando yo aún no nacía
llenándolo con calor, cariño y alegría.
Esta casa representa para mí,
un fiel refugio, un abrazo silencioso.
de lo que un día fue y de lo que nunca dejará de ser.
Si éste hogar hablara,
contaría de amor, de entrega, de unión;
de esa madre dulce, cariñosa,
que te esperaba al final del día,
con sus arepitas en el fogón.
Cuando llegabas cansado de tus faenas,
ella estaba para ti con su sonrisa radiante,
con su amor infinito y su paciencia palpable.
Y de ese padre que con sus fuertes manos,
te levantaba en brazos y te daba vueltas en el aire.
Hoy todos se han ido en busca de sus sueños;
yo también me fui, pero aquí estoy de nuevo,
añorando cada día de mi infancia
y agradeciendo a Dios por cada minuto vivido.
Hoy todo pertenece al recuerdo,
a ese recuerdo dulce y a la vez desgarrador,
porque esos seres bellos, llenos de amor
ya no están a nuestro alrededor.
Fuentes:
Portada
Arepitas en el fogón
Mensaje final