Se trataba de un hombre de sesenta y tantos años, pelo canoso, delgado, que usaba gafas para mejorar la visión y ataviado con una gruesa chaqueta de jean que me parecía lo ahogaba del calor que había en ese momento. Me detengo detrás de él para observar perplejo la obra que salía de su inspiración. Pude identificar de inmediato que se trataba de la calle Juncal de Barcelona, Venezuela. Su icónica catedral y sus casas coloniales de enormes rejas y ventanas ya se veían plasmadas con claridad sobre el lienzo.
¡Cómo no reconocer esas calles de mi amada ciudad que he recorrido durante toda mi vida!
-¡Buenos días! - le digo acercándome.
Se voltea con cara de que lo he interrumpido del trance en que se encontraba.
-Buenos días, me responde.
-¿Me permite quedarme un momento para observar su trabajo? Haga como que si yo no estuviera aquí - le digo para romper el hielo.
Después de guardar silencio por un momento me responde:
-No hay problema.
Mientras sigue dándole 'vida' a su obra yo me quedo en el mismo sitio parado, casi sin moverme para no molestarlo.
Tenía a su lado varios envases de pintura, unos vacíos y otros ya por terminarse. Su ropa decolorada, desgastada y manchada de colores reflejaban largas jornadas de trabajo. Trapos sucios donde limpiaba los pinceles y a su alrededor había una manada de perros y gatos. Uno de los gatos estaba acostado pegado de su pierna izquierda, se veía que dormía profundamente.
-Esa es la calle Juncal de Barcelona, le digo interrumpiéndolo nuevamente. Le está quedando muy bonita.
-Sí pero la gente no valora el trabajo que uno hace, ni siquiera el gobierno tiene interés por el arte; me responde.
-¿Me permite tomarle algunas fotos para mostrar su arte a la gente? Le pregunto.
-Claro que sí, me respondió.
La verdad quise retratarlo porque considero que es un gran artista que crea sus obras ante los ojos de todos los transeúntes que caminan a diario por esta plaza, una persona que no tiene egoísmo en mostrar su arte a todo el que pasa y se interese en él como me sucedió a mi. No ese tipo de arte elitesco donde solo acude gente adinerada para observar "grandes obras" en los más reconocidos museos del mundo (quiero dejar claro que no estoy en contra de este tipo de arte elitesco pero sí que soy admirador ferviente del arte popular, ese que tiene "sabor a gente, a pueblo").
-Dónde pueden dirigirse las personas que estén interesados en sus cuadros. ¿Tiene algún taller para mostrarlas? le pregunto.
-No mijo, yo vivo donde me agarre la noche. A veces me ha tocado dormir en esta plaza. Antier tuve que cambiar un cuadro por una masa (para hecer arepas) para poder comer. Mira, este cambur me lo acaban de regalar - me responde mientras señalaba el fruto.
-En este país no hay ayuda para los artistas, por lo menos para mi -continúa relatándome-
Yo trabajo en esta plaza todos los días, tengo que seguir adelante porque no tengo más opciones. Pienso irme para Chile pero no tengo idea de cómo hacer porque ni pasaporte tengo-me comenta-Dios sabrá cómo ayudarme.
En sus ojos pude notar que se trataba de una persona que se desahogaba de sus problemas a través de la pintura (o al menos eso fue lo que percibí). Tal vez para olvidar por un rato las necesidades que lo agobian y al mismo tiempo le sirve para tener alguna entrada de dinero o comida como le había pasado con el cuadro que cambió por una masa.
-Si me vas a tomar foto a mi tómale una a mi compañero, me dice refiriéndose al gato que dormía a su lado.
-Por supuesto que lo haré. En ese momento sentí que ya me había ganado su confianza y procedí a retratar al felino como me lo había pedido.
Luego me comentó que es un sobreviviente de la "tragedia de Vargas" (deslave ocurrido en ese estado de Venezuela en diciembre de 1999 donde hubo miles de muertos) pero "prefiero no seguir contándote porque no quiero dar lástima".
Mientras seguía concentrado con sus trazos impecables sobre el lienzo, indiferente de todo lo que ocurría a su alrededor, culminó su conversación diciéndome que espera que las cosas cambien para poder llevar una mejor vida, sin tantos problemas y necesidades como los que atraviesa actualmente Venezuela.
Prometí volver a visitarlo para tomarnos un café allí en la plaza y aprender un poco sobre este maravilloso arte. Muy cariñoso y efusivo se despidió de mi.
Este gran artista del que les acabo de hablar es el Profesor Barreto y estudió en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas de la ciudad de Caracas de donde egresó como artista en el año de 1975. Un gran artista anónimo que vale la pena contar una pequeña parte de su gran historia de vida.