Son tantos los recuerdos que tengo en mente, el olor a campo, a chocolate, a hallaquitas de maíz me recuerdan a mi nona (la abuela de mi mami) esas visitas a su casa que con sólo pensarlas me transmiten paz, tranquilidad; que bonita es la niñez cuando eres inocente y no distingues entre lo bueno y lo malo.
Recuerdos, nos trasladan a numerosas emociones. El objeto escogido por mi es un COFRE, por un momento pensé me identificaría con pinceles, pinturas, colores, lápices, es lo que me describe socialmente, mi oficio. Llegué a pensar en un fósforo por mi mal genio, hasta me identifique con el cristal por lo frágil o sensible que puedo ser a veces con ciertas situaciones.
Luego de tanto pensar decidí fuese un COFRE ¿Por qué este objeto? sencillo, todos somos vulnerables a los recuerdos y estos alteran nuestras emociones; nos hacen reír y nos dan felicidad (al recordar momentos felices), nos hacen llorar, nos producen nostalgia (si nos viene a la mente situaciones tristes), y así me identifique con un cofre porque no sabría definirme con solo una emoción, guardo en mi muchos sentimientos que no importa si me producen reacciones de tristeza, alegría o rabia, pero que son parte de mi, de mi vida, mis recuerdos.